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Cartel Autismo

Paula Del Cioppo

1. ¿Por qué el cartel es clave para acceder a la experiencia de la Escuela?

El cartel se construye en torno a una inquietud, a un interés que en principio es vago, indefinido; se arma a partir de un no- saber o agujero de saber, -subrayo esta palabra, agujero. Sin embargo, se trata de una falta de saber que, en lugar de provocar la parálisis o la espera, tiene una impronta productiva ya que se despliega en un dispositivo -el pequeño grupo- y en un ámbito, -la Escuela-, que establecen las condiciones necesarias para un esfuerzo fructífero.
Por otro lado, el cartel implica la coexistencia de lo colectivo y lo singular, porque cada uno de sus integrantes, reunidos en torno a un problema común, -en este caso el autismo-, se orienta por un rasgo de trabajo que le resuena íntimamente.

2. El rasgo

El punto que elegí estudiar fue un concepto propuesto por Eric Laurent, forclusión del agujero, que significa que en los sujetos autistas el agujero -término que está íntimamente relacionado con la noción psicoanalítica de “tener/ hacerse uncuerpo”-estácegado, es decir, rellenado.El caso Robert de la psicoanalista Rosine Lefort, (1954-55), sería paradigmático de lo que Laurent define como “característica principal del espacio autístico”, el hecho de carecer de agujero.

Tras haber acumulado en el regazo de Rosine (la analista) toda clase de objetos, el niño saca de allí un biberón, que luego aísla en una mesa vaciándola progresivamente de objetos, en lo que procede en cierto número de etapas. Un punto crucial retendrá aquí nuestra atención: cuando el biberón aislado corre el riesgo de caer, Robert se agacha sujetándose el pene. En un segundo tiempo va al baño y grita, -cosa que hacía repetidamente. Fuera de sesión, trata de cortarse el pene con unas tijeras (…) Adviértase que esta tentativa de mutilación, de castración en lo real, ocurre tras la secuencia de vaciamiento de la mesa, secuencia en cuyo transcurso ha seleccionado un objeto. (Laurent, 2013, p. 81)

En este mismo capítulo de La batalla del autismo, Laurent expresa en términos muy sencillos un problema muy complejo, que atañe al corazón del “espacio autístico”, es decir, al modo en que se las tiene que arreglar un sujeto en el cual un “cuerpo” -entendido en términos estrictamente psicoanalíticos, no biológicos- no se ha constituido. “La inexistencia del borde del agujero no es sino el redoblamiento de la inexistencia del propio cuerpo, ya que un cuerpo solo existe si un objeto puede separarse de él –lo cual supone el sostén de la mirada del Otro, que otorga un cuerpo y le da una consistencia”. (Laurent, 2013, p. 102).

Subrayo el término “borde”, porque para que haya agujero debe haber una zona fronteriza susceptible de ser franqueada; una zona de intercambios. En cambio, en el registro de lo real nada falta, solo falta la diferencia, el espacio entre las cosas y también entre las palabras.

Sin embargo, lo que nos enseñan la casuística y los testimonios de los autistas famosos es que los sujetos se las arreglan con el hecho de no tener un cuerpo, por ejemplo, a través de sus objetos autísticos (la máquina de abrazar de Temple Grandin; los escritos de Donna Williams, la máquina de Joey, etc.) o a través de las etereotipias o de los dobles. Por eso la perspectiva psicoanalítica comienza por alojar, enmarcar e identificar el valor de esos elementos para cada sujeto, no para dejarlo sumergido allí, sino para acompañarlo en el lento, costoso y doloroso proceso de desplazar ese “borde”. En esta vía, los objetos autísticos -que pueden ser objetos del mundo, pedazos de cuerpo, letras, en fin, un modo singular de “acomodamiento de los restos” que quedan después del encuentro del viviente con la lengua del Otro- deben ser pensados en articulación, contigüidad o bien, amalgamados al cuerpo, para esclarecer su función y potencialidad. Desde allí trabajamos, no nos clavamos con el hecho de que estos objetos, estereotipias y dobles, son “obstáculos para la adaptación” al medio ambiente.

Me preguntaba por qué elegí acercarme a este problema.La respuesta inmediata fue que esta elección tuvo que ver con una resonancia en mi propio cuerpo de los significantes “forclusión y agujero”. Forclusión me remitía al Seminario 3, Las psicosis, mi primera lectura de Lacan en el marco de la Escuela. Agujero, como señalé al principio, es el elemento alrededor del cual se estructura el trabajo de cartel y de Escuela. Pero la conjunción de “forclusión” y “agujero” sonaba tan rara, tan inquietante, que me pareció oportuno empezar por ahí. Considero que hay que dejarse llevar por la intuición a la hora de elegir un tema para trabajar en un cartel, confiar en ello, porque el dispositivo mismo está hecho para que eso finalmente se ordene y algún saber decante.

Tomando en cuenta lo anterior, para concluir, me gustaría compartir qué supe retroactivamente, trabajo de cartel mediante, acerca de mi elección por el estudio del autismo y del estudio de este rasgo en particular. Desde mi punto de vista, el autismo permite pensar la condición humana en el límite. Lo que nos enseñan los testimonios y las acciones de los sujetos autistas observadas y aisladasen los casos clínicos, nos devuelven, hasta cierto punto, una imagen de lo que somos como seres hablantes. Nos enseña, por todo lo que allí no opera, de qué secuencias y escansiones están hechos los seres de lenguaje. Del problema del cuerpo, íntimamente ligado al significante, al límite y al borde; el modo en que el sujeto se las arregla con lo que no hay, en este caso, un cuerpo -en el sentido del cuerpo imaginario del estadio del espejo, que implica complejas operaciones subjetivas: separarse de algo, consentir al “cruce de miradas” con el Otro, tener una imagen unificada del cuerpo, etc.Esclarece la relación sujeto- objeto, los tiempos lógicos que permiten articular ambas dimensiones, la estética o puesta en forma de esta articulación. Lo anterior se puede entender, por ejemplo, a partir de la diferencia que algunos sujetos autistas hacen patente entre las heces y el objeto anal. Para que haya “objeto”, las heces se tienen que haber separado del cuerpo y tienen que haber entrado en el circuito de la demanda. La caca, a diferencia del objeto anal, es un sin forma y en este sentido se trata de un objeto impuesto, violento, que el sujeto trata de abolir. Esto marca una diferencia con un objeto que, no sin complicaciones, se articula a un cuerpo. Tomando en cuenta la relación entre objeto sin forma y objeto horma, me pregunto, ¿acaso el proceso de subjetivación que se da a lo largo de una vida, con su múltiples muertes, nacimientos y duelos, no es un ida y vuelta permanente entre un objeto y un sujeto que se formatean simultáneamente? En la clínica del autismo, o clínica del circuito, que es una clínica cuerpo a cuerpo del analista con el sujeto, se deduce que “es necesario extraer algo para se incluya otra cosa”. Pero entonces, en otros modos de funcionamiento subjetivo no autistas, separarse de algo para hacer consistir un cuerpo, ¿no es un proceso permanente, que se pone en juego cada vez, en cada momento conflictivo, en cada duelo, en los avatares de cada uno de nuestros vínculos?

Por último, destacaría laimportancia de acercarse a la casuística y a los testimonios de sujetos autistas que se encuentran publicados, porque demuestran que el encuentro es poderoso incluso con aquellos sujetos que no quieren saber nada del Otro. Uno tiene la impresión, al leer los relatos autobiográficos o lo casos, que estos sujetos no son indiferentes al deseo del Otro, ya sea la madre, los familiares, los maestros o el analista. Ciertamente, tienen una relación muy contradictoria con ello. Pero la secuencia que va de la captación/ rechazo de los abrazos de la tía gorda, a la intensidad “realmente” sentida de los abrazos de la madre que la lastimaban, a la “máquina” de dar abrazos que construye Temple Grandin, se ve la relación tensa- paradójica con ese otro amenazante, pero a la vez indispensable en la vida de todo sujeto autista.

Más uno: Silvia Elena Tendlarz
Presentación de productos en la NEL CDMX, marzo de 2017

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