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Rufino Tamayo

De la ideación y el intento, al acto suicida Cartel Cuestiones de la adolescencia

Nathalie Londoño Díaz

1. Introducción

Al ingresar al cartel como dispositivo de formación, aparecen dos palabras que motivan a hacer presencia en este espacio: suicidio y adolescencia. El deseo de saber sobre esta temática, tiene que ver con la repetición del fenómeno en adolescentes en este momento histórico; se habla de altos índices de suicidios, se le denomina epidemia, se presenta en sujetos en edades cada vez más cortas, y aunque se dice mucho de él, se sostiene una inquietud por la razón que pueda explicar qué empuja a un adolescente al acto suicida. Llama la atención, sobre todo, cómo se ha ido presentando las causas y posibles soluciones desde otras disciplinas, lo que da lugar a un interés por saber qué tiene para decir al respecto el discurso psicoanalítico.

2. Sobre la construcción de la pregunta

Los primeros encuentros y conversaciones en el interior del cartel permitieron el acercamiento a algunos textos sobre estas dos nociones, encontrando así que el enigma iba encaminado a comprender el suicidio en ese momento lógico de la vida. De esta manera se ingresa con un primer interrogante: ¿Por qué los adolescentes se suicidan?

Las lecturas sobre las nociones mencionadas dan un giro en la pregunta, esta vez centrada en la lógica o más bien las lógicas de ese acto, pues, lo que se señala en las primeras pesquisas sobre el tema y lo que las conversaciones van arrojando, es que, precisamente, no hay una única manera de comprender este fenómeno.

Para pensar esta cuestión desde el psicoanálisis, es importante tener presente que es caso por caso que se puede acercar a la razón particular, por la cual un sujeto elige pasar a este acto, pues está enmarcado en la dimensión de lo singular, es decir, si bien puede haber un motivo que lo precipite, quizá común para todos, es imposible indicar con precisión una causa exacta, es algo subjetivo y por tanto está vinculado con lo más íntimo del sujeto. Lo anterior da cuenta de una cierta dificultad para abordarlo, ya que al no haber un modo de explicar la razón, no se puede universalizar una estructura o un modus operandi que se pueda generalizar, caracterizar o reducir para todos los casos. Así, al no poder situar a los sujetos en una misma lógica, es más complejo presentar una salida o intervención.

Se construye entonces una pregunta final que orienta el trabajo y mueve el deseo: ¿Cómo comprender las lógicas del suicidio en los adolescentes? este texto da cuenta del recorrido que se tejió a propósito del tema.

3. Sobre la adolescencia

Para comprender qué acontece en este tiempo de la adolescencia que a veces se hace propicio un empuje al suicidio se hace necesario explorar esta noción

En primer lugar, es preciso indicar que ni Lacan ni Freud hablaron directamente de la adolescencia. El término empleado, sobre todo con Freud, era pubertad. A lo largo del tiempo, se han escrito textos en torno a la adolescencia, pero no provienen de una fuente primaria, sino más bien de las experiencias que otros autores han llevado al análisis, ya sea de casos en la clínica o de sus interpretaciones frente a las lecturas realizadas.

Se puede señalar que la adolescencia es vista como un tiempo lógico, no como un asunto cronológico que se pueda delimitar en una edad, que se tenga un principio y fin, o que se reduzca a algo biológico o anatómico. Cabe indicar, además, que esta noción es tomada no como un concepto, ni como estructura clínica, sino más bien como una categoría social y, como tal, como una construcción.

Desde el discurso psicoanalítico, es conocida como la segunda oleada pulsional, pues hay un impasse con la sexualidad; ya no es el goce auto-erótico de la infancia, ahora hay un otro presente que ocasiona un desborde. Esto es lo que se denomina como el «encuentro con la no relación sexual» en el que el sujeto se ve obligado a encontrar un objeto sexual por fuera de su propio cuerpo. El adolescente comienza un trabajo psíquico bastante fuerte, pues debe construir de nuevo varias cosas que tenía por sentadas, entre otras, su lugar en el mundo; el lugar de sus padres, cuya autoridad ya es rechazada; su deseo (uno diferente al de sus padres), y su síntoma. Dado que sus ideales comienzan a ser otros, entonces debe hacer nuevas elecciones. De esta manera, parte de cero para construir una posición frente a la vida y al propio deseo, es por ello su temor por el futuro que se manifiesta en un «no saber hacer con su vida» que, a veces, pareciera como si no se la soportara, todo porque se comienza a ver enfrentado con eso que no le encaja y se ve forzado a asumir una posición subjetiva y a construir una invención singular que le de salida a esa angustia generada. En esa búsqueda, el adolescente es invitado a que tome posición responsable, algo así como una fórmula de vida que le sirve para continuar.

En resumen, hay en este momento una constitución de un nuevo síntoma y una reorientación del fantasma (si es preciso, una modificación), ambos, puntos de estabilización que un sujeto encuentra para su existencia. Por eso es tan importante en este momento que se restablezca el sentimiento de vida, encontrar un sentido a la vida. En este momento hay un real que surge y desestabiliza, lo que antes se tenía establecido comienza a tambalear, ya no es más, ya no sirve. La función paterna vacila y como hay un «acercarse a una zona donde el saber falta» (pág. 27), el adolescente hace una llamado al Otro para que le diga cómo hacer con ese goce, pero se entera de que el Otro tampoco tiene la solución y se enfrenta con que hay una falta radical de saber en el Otro. Por esto es visto como un momento singular de sacudimiento y reordenamiento estructural.

Hay una confrontación constante, una preocupación por la existencia futura que quisiera resolver pronto, pues está inconforme con el presente, como lo afirma Mario Elkin Ramírez, «…el adolescente quisiera o bien permanecer infante, o bien ser ya una joven mujer, que ya ha descifrado el misterio de la feminidad. En todo caso, busca ahorrarse el presente, desea quedarse en el antes o avanzar hasta el después, pero no vivir el ahora» (Pág. 280). Ese no asumir el presente es no asumir los cambios, no enfrentarse con su vida, no hacerse cargo, lo que causa que comiencen a aparecer las preguntas por el sentido de la vida y empiezan a ser frecuentes los estados de angustia, preocupación o inquietud. Con todo lo anterior, se podría definir la adolescencia como una invención sintomática con la que el sujeto responde al instante de ver su metamorfosis.

4. Sobre el suicidio en la adolescencia

Etimológicamente, la palabra suicidio proviene del latín: sui (si mismo) cidium (matar), «atentado contra la propia vida», «matar-se». Los griegos lo expresaban como autokeiria, de autos: sí mismo, y keiros: mano, lo que significaría: muerte elegida por uno mismo, o sea ejecutada por mano propia. El término latino enfatiza en la idea de matar, y el griego, en la del acto con intención o deliberado. Lo que esta definición propone es que el acto suicida es una elección o decisión. Justamente, Clara London plantea, en el texto Suicidio en la adolescencia, que el suicidio no es un síntoma, sino un acto: una decisión del lugar que le da al Otro.

Ahora bien, se ha señalado que en la adolescencia se reacomoda el fantasma, pues la escena que éste ofrecía y que es la única manera a través de la cual se ha vivido hasta ese momento, cae. Es decir, la estructura de ficción que el sujeto se había inventado, a través de la cual había mirado el mundo y le servía para orientar sus relaciones con los otros y consigo mismo, se le desbarata, le falla, y es arrojado hacia un real que lo conmociona y lo obliga a construir otras maneras.

Desde esta perspectiva, podría afirmarse que el adolescente, en ese intento por salir de la desesperación, la impotencia y la angustia que le causa el vivir; por su temor al futuro; a no saber cómo hacer ni con su cuerpo ni con las relaciones con el otro; al verse enfrentado con lo real, y en la «búsqueda de una respuesta sintomática» (Stevens, pág. 9-2011), comienza a preguntarse por el sentido de la vida, y puede encontrarse en dos escenarios. El primero, ubicar algunos bastiones para tejer de nuevo todo lo que es, lo que quiere ser, lo que el otro quiere para él: por ejemplo, que aparezca algo (una pasión, un proyecto) o alguien (los padres, un maestro, un adulto significativo) que lo acompañe en la construcción de su deseo y en esa invención singular, para, de esta manera, hacer algo con eso que cae y, por tanto, ponerse frente a la castración soportándola. Siendo así las cosas, se reinventa y logra continuar. El segundo escenario, que no soporte la falta y, en ese intento de construir respuestas, desfallezca y eso que «no hay» haga que no logre encontrar otra manera de estar en el mundo, de reconstruir su subjetividad. En este sentido, se comprende que al carecer de ese soporte y quedarse sin elementos, sin un recurso en el que pueda sostenerse, se genera una angustia que lo excede, que lo deja sin poder articular ninguna respuesta simbólica, algo del lugar del «no puedo controlarlo» y, entonces, no encuentre una manera menos agresiva que el acto suicida como única salida. Se evidencia aquí una respuesta violenta al impasse, una respuesta que lo empuja a lo peor. Stevens afirma que cuando el sujeto se encuentra con lo real, « (…) responde con un síntoma cuando puede. Cuando no puede, entonces a menudo pasa al acto» (p. 19-2014). Si el síntoma es la invención singular del sujeto para soportar lo insoportable, el acto entonces se presenta como una forma de respuesta frente a lo imposible de soportar. Dentro de este marco, se podría decir que el suicidio es una de las maneras como el sujeto adolescente responde frente a la angustia; no se responde con la construcción del síntoma, sino con un acto.

5. De la ideación y el intento, al acto suicida: ¿acting out o pasaje al acto?

Lo cierto es que en ese momento en el que el adolescente ve en el suicidio una salida a su angustia, pueden aparecer tres situaciones, todas diferentes: la ideación, el intento y el acto, sea este logrado o no. Puede suceder que esto perdure solo como idea, incluso al punto de planear las opciones recreando esa fantasía de morir, pero que en el camino se encuentre algo de sentido para continuar y se detenga. Después de esta ideación suicida puede pasar al intento suicida, pero ese intento puede tener también varios estatutos, puede ser acting out o pasaje al acto. Ambos pueden llevar a la muerte, sin embargo, son dos posiciones subjetivas distintas.

Un intento de suicidio puede ser, en algunos casos, un acting out, el cual puede llevar a una muerte no premeditada, un suicidio que, aunque concretado, no se esperaba como desenlace final, lo que se suele nombrar con un «se le fue la mano» para aludir a eso que se le escapó del control o que no pudo manejar muy bien y que, en últimas, en realidad no quería. La razón de esto es que en el acting out, (acto afuera), hay un llamado al Otro, es decir, hay un mensaje para el Otro que no escuchó de otras maneras, que se ha vuelto sordo, entonces, quiere llamar la atención para que sea tenido en cuenta. Aparece «un sujeto turbado, im-potente, que a la vez se ve impedido, monta la escena del acting out, para llamar al Otro, reclamando su interpretación» (Muñoz, pág. 162). Es, de este modo, una mostración, tal como lo señala Lacan: «un acento demostrativo que vela y encandila, tan luminosamente que no se ve». Es una puesta en escena mentirosa que se pone en evidencia con el fin de provocar la mirada del otro. Este suicidio consumado, por accidente, es algo así como un acting out fallido al conducir a este de manera involuntaria. No es esto lo que se espera; se espera sí, una respuesta de ese Otro para el que se ha estado actuando, pues es una acción que va inscrita en una relación a un otro semejante, el espectador de su escena, bajo la mirada por la que continúa su actuación.

Cosa distinta sucede en el pasaje al acto donde se encuentra un sujeto ubicando al Otro como objeto de desprecio. Aquí no hay espectador, el sujeto sale de la escena, hay un borramiento del otro, no es necesaria su mirada, ni su atención. Por eso se dice que es un modo radical de cerrarle la puerta al Otro, porque se le quiere desaparecer y no da cuenta de su acto. De esta manera, en el pasaje al acto el sujeto atraviesa el fantasma de una manera salvaje, violenta, excluye la dimensión del otro, entonces, frente al encuentro con lo real, frente a la imposibilidad de saber hacer con el lenguaje y consigo mismo y con el otro, se queda sin palabra y pasa al acto. Ya hay aquí algo en el sujeto que lo supera y no puede dominar. «Una potencia irresistible que lo fuerza a actuar» (Muñoz, Pablo D. 2009, pág. 113). En esa ruptura de la escena del fantasma aparece un salto al vacío, un dejarse caer del otro.

Hay algo importante y es que el acto deja de serlo cuando se repite. El acto es lo que no se repite. El acto resuelve la indeterminación de sujeto; aparece allí la decisión, ya sin vacilación. Es una transgresión porque no cuenta con el otro, pasa un límite. Tal como señala Miller: «El acto se encuentra siempre bajo la premisa del impasse que se inaugura a causa de la no existencia de una relación de correspondencia entre los sexos y es eso por lo que el acto propende, por un pasaje para realizar lo imposible. De esta manera el acto es una decisión, una osadía, algo del orden de lo que inaugura, lo que funda, crea». Es en este punto donde se puede diferenciar la determinación suicida y la tentativa de suicidio a la mostración fallida que conduce a la muerte.

Resumiendo, puede suceder que el sujeto llegue hasta ese punto y en su intento de suicidarse, aun sin ser este el desenlace deseado, lo logre. Puede también que ese momento de turbación se radicalice a tal punto que el sujeto se arranque de la escena, ya no le importe el otro, es decir, ya no actúe para el Otro, y pase al acto teniendo éxito o siendo este fallido.

NOTAS

  1. Stevens, Alexander. Clínica de la infancia y la adolescencia. Colección Grulla. Seminario internacional CIEC Centro de Investigación y Estudios Clínicos. 2011.
  2. Ramírez, Mario Elkin. Despertar de la adolescencia. Freud y Lacan, lectores de Wedekin. Primera Edición. Olivos. Grama Ediciones. Argentina. 2014
  3. Wedekin, Frank. Despertar de primavera. Una tragedia infantil. Traducción de M Pedroso. Buenos Aires. Quetzal. 1954
  4. Freud, Sigmund. Discusión. Acta de la sesión del 13 de febrero de 1907. Sociedad Psicoanalítica de Viena.
  5. Lacan, Jacques. Préface a L’Eveil dun printemps. En autres écrits. Paris, Seuil. Pp. 561- 563. 2001 Traducción por: Mario Elkin Ramírez.
  6. London, Clara. Suicidio en la adolescencia. Controversias en psicoanálisis de niños y adolescentes. No. 15. Año: 2014
  7. Aksman, Daniel. Esa tendencia irresistible: El suicidio. Revista e-Mariposa. No. 7 Octubre 2014. Departamento de estudios sobre Psquiatría y Psiconálisis. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Argentina. Ediciones Grama. Páginas: 32-36
  8. Valmayor, Adriana. Soltar los juguetes, jugar con la muerte. Revista e-Mariposa. No. 7 Octubre 2014. Departamento de estudios sobre Psquiatría y Psiconálisis. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Argentina. Ediciones Grama. Páginas: 36-37
  9. Carlsson, Gustavo. Validez de los criterios de internación en conductas suicidas. ¿Por qué?, ¿cuándo?, ¿cómo? Revista e-Mariposa. No. 7 Octubre 2014. Departamento de estudios sobre Psquiatría y Psiconálisis. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Argentina. Ediciones Grama. Páginas: 38-39
  10. Muñoz, Pablo D. La invención Lacaniana de pasaje al acto. De la psiquiatría al psicoanálisis. Estudios de Psicoanálisis. Ediciones Manantial. Buenos Aires- Argentina. 2009.
  11. Miller, Jacques-Alain, Jacques Lacan: anotaciones sobre su concepto de paso al acto. Analectas. ACFC. Medellín.
  12. Gómez Giraldo, C. L. (2015). Implicaciones subjetivas de los pasajes al acto en adolescentes (Tesis de Maestría). Universidad de Antioquia, Medellín.
  13. Solano, Estela. “La angustia, el cuerpo sexuado y lo real”. En: The Wannabe No. 4. Disponible en: http://www.nel-amp.com/tw/04/tw04_mov.htm.
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  15. Zawady, Megdy, El acting out, la angustia y el influjo del superyó. En: The Wannabe No. 4. Disponible en: http://www.nel-amp.com/tw/04/tw04_mov.htm
  16. Freud Sigmund. En: Obras completas Vol XI. Cinco conferencias sobre psicoanálisis. Un recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci y otras obras (1910) Contribuciones para un debate sobre el suicidio. Amorrourtu editores.
  17. Freud Sigmund. En: Obras completas Vol XIV. Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico. Trabajo sobre metapsicología y otras obras. (1914-1916) Duelo y melancolía. Amorrourtu editores.
  18. Jinkis, J. (1986) Interpretación psicoanalítica del suicidio. En Conjetural. Revista Psicoanalítica No. 1. Ediciones sitio. Buenos Aires.­­­
  19. A cielo abierto Entrevistas. Courtil, la invención en lo cotidiano. Mariana Otero- Marie Brémond 1 era edición Olivos: Gramma Ediciones. 2014
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