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Rufino Tamayo | Niños jugando con fuego

Los pecados del Padre. A propósito de los 100 años de Juan Rulfo

María Isabel Uribe

Gabriel García Márquez solía contar que en el año en que leyó a Pedro Páramo, la primera novela completa del mexicano Juan Rulfo, no pudo volver a leer ningún otro autor y que sintiéndose atascado en su oficio, en adelante encontró el tono para su escritura.[1] Animada por tal consideración y por la celebración del centenario de su nacimiento, el pasado 16 de mayo, me di a la tarea de volver a leer dicha obra, con el deseo de encontrar una orientación para el tema del cartel, “secretos de familia”.

El autor se introduce en la novela por medio de un personaje de nombre Juan Preciado, quien va a Comala en busca de su padre, “un tal Pedro Páramo”,[2] para cobrarle el abandono en que los tuvo a él y a su madre acabada de fallecer. En el camino se encuentra con un arriero que también dice ser un hijo suyo y a su llegada, escucha entre murmullos la historia de Miguel Páramo, de quien el cura del pueblo decía que su padre había estirado con él los brazos de su maldad, por haberlo criado junto a él.

De Juan Preciado no se conoce su historia, sólo que Pedro Páramo se casó con su madre por interés, para saldar una deuda de su familia. De Miguel Páramo se sabe que a los diecisiete años ya había cometido un asesinato y muere dos años después por un accidente en su caballo. Tras su muerte regresa a Comala Susana San Juan, el amor de la vida de Pedro Páramo, pero quien no le correspondió, por hallarse entregada a la ensoñación de un amor con otro hombre, en otra tierra y a orillas del mar.

El arriero del comienzo es quien lo mata al final, en medio del alcohol y la sordera que padecía, por haberle negado la ayuda que le solicitó para el entierro de su mujer.

El malentendido, el desencuentro, al igual que el capricho de Pedro Páramo llevaron a Comala a la desgracia y al abandono. Se convierte entonces en un pueblo habitado por ánimas, que según la creencia popular en México, permanecen en los lugares donde vivían hasta que las oraciones consigan redimirlas de sus pecados. El ánima en pena de Pedro Páramo es por tanto el alma de un padre que murió en pecado por cuanto con su acto condujo a su pueblo a la desolación y al abandono.

La obra nos sitúa entonces en la dimensión de un padre que comete faltas, que comete pecados y que actúa al amparo de su propio modo de gozar. Se trata del padre en la dimensión real, en la dimensión pulsional.

Ya no se trata del padre normalizador de la primera enseñanza de Jacques Lacan sino del padre síntoma que comienza a anunciar en el Seminario “R.S.I.”, como aquel que, “père-versement orientado…hace de una mujer, objeto a que causa su deseo…Père-version, única garantía de su función de padre, la cual es la función del síntoma, tal como lo he escrito”.[3] Ya en el Seminario “El sinthome”, precisará: “Digo que hay que suponer tetrádico lo que hace al lazo borromeo – que perversión solo quiere decir versión hacia el padre-, que, en suma, el padre es un síntoma, o un sinthome, como ustedes quieran”.[4] Al comienzo de la misma lección, Lacan señalará: “Es la falta, el sin, eso con lo que mi sinthome tiene la ventaja de comenzar. En inglés significa el pecado, la primera falta”.[5]

Jacques-Alain Miller, en la clase 14 de “El Ser y el Uno” manifiesta que en el anterior Seminario “Lacan reduce, desublimiza de igual manera al padre cuando dice que el padre es sólo un síntoma. Es por eso que habla de perversión; lo hace con ironía, claro está, ya que en el psicoanálisis ortodoxo el padre es el supuesto soporte de lo normal y Lacan da a entender así lo que conlleva de patológico. Pero al mismo tiempo dice que sólo hay versiones del padre, que la esencia designada como ‘el padre’ y precisamente, ‘el Nombre del Padre’ aislado por un ortodoxo llamado Lacan, Jacques, no existe. En la práctica del psicoanálisis no existen más que padres singulares”.[6]

Pero ¿cómo inciden estos padres singulares en el destino de sus hijos y en el de sus familias?

En algunos textos de los Escritos como en “La cosa freudiana o sentido del retorno a Freud en psicoanálisis” y en “El psicoanálisis y su enseñanza”, Lacan hace alusión al texto sagrado, “los padres comieron uvas agrias, y a los hijos se les destemplaron los dientes” (Jeremías 31-29). En el apartado de “La deuda simbólica” del primer texto, Lacan antepone un comentario sobre “la pasión del hombre de las ratas”[7] y de igual modo procede Miller en la clase 14 del seminario mencionado.

Con estas indicaciones y siguiendo la brújula del caso de Sigmund Freud, al hombre de las ratas le resultaban penosos algunos pecados de juventud de su padre: una deuda impaga por asuntos de juego y la elección matrimonial que realizó. Habiendo estado previamente enamorado de una muchacha pobre y linda, de familia modesta, decidió casarse con una pariente lejana que había sido criada en el seno de una familia rica y empresaria, con lo que obtuvo, dice Freud, “un pasar bastante bueno”.[8]

Tras la muerte del padre la madre le comunicó al hijo que había hablado con sus parientes ricos para comprometerlo en matrimonio con la hija de un primo. “Este plan de la familia le encendió el conflicto: si debía permanecer fiel a su amada pobre (el hombre de las ratas se hallaba enamorado de una dama pobre) o seguir las huellas del padre y tomar por esposa a la bella, rica y distinguida muchacha que le habían destinado. Y a ese conflicto, que en verdad lo era entre su amor y el continuado efecto de la voluntad del padre, lo solucionó enfermando”.[9]

Freud precisa que su esclarecimiento no halló al comienzo aceptación alguna por parte del paciente. Pero más adelante y por las vías de la transferencia, se vio forzado a aceptarlo. “De un período oscuro y difícil en el trabajo de tratamiento resultó, finalmente, que había designado como mi hija a una muchacha con quien se topó en la escalera de mi casa. Ella excitó su complacencia, e imaginó que yo era tan amable con él y le tenía tan inaudita paciencia sólo porque lo deseaba para yerno, a raíz de lo cual elevó la riqueza y nobleza de mi casa hasta el nivel que tenía por arquetipo. Pero contra esa tentación bregó en su interior el no extinguido amor por su dama. Después que hubimos vencido una serie de las más severas resistencias y los más enojosos insultos, no pudo sustraerse del efecto convincente que producía la plena analogía entre la trasferencia fantaseada y la realidad objetiva de entonces. Reproduzco uno de sus sueños de ese período para dar un ejemplo del estilo de su figuración: El ve ante sí a mi hija, pero tiene dos emplastos de excremento en lugar de los ojos. Para todo el que comprenda el lenguaje de los sueños, la traducción resultará fácil: Se casa con mi hija, no por sus lindos ojos, sino por su dinero”.[10]

En los “Apuntes originales sobre el caso de neurosis obsesiva”, Freud anota que al hombre de las ratas “le parece insoportable la idea de que el padre haya podido dejar en la estacada a su amor para procurarse una ventaja mediante la unión con los Rubensky”.[11]

Procurarse una ventaja es lo que alude entonces al modo de gozar del padre. Procurarse una ventaja en los asuntos de juego y del amor. El sueño de transferencia permite leer que el hombre de las ratas también porta el mismo modo de gozar, al preferir una muchacha, “no por sus lindos ojos, sino por su dinero”. La transferencia negativa que acompaña este período del tratamiento también es un signo de lo real allí en juego.

Lo imposible de soportar es estar ligado por tanto al modo de gozar del padre y no saber que se porta dicha marca. El padre síntoma inscribe en el cuerpo del ser hablante un Uno que lo marca, es esa su herencia y transmisión. Igual para el ser hablante el padre síntoma es un secreto porque él mismo es el portador de él en su propio síntoma. Es el asunto de familia a saber leer. Es una apuesta para el psicoanálisis.

Julio de 2017

NOTAS

  1. “Los 100 años del precursor” en Revista Semana, Nº 1819, Marzo 12, 2017.
  2. Rulfo, Juan. Pedro Páramo. Cátedra, Madrid, 2002, p. 127.
  3. Lacan, Jacques. R.S.I.; lección del 21/01/75, inédito.
  4. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 23: El sinthome. Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 20.
  5. Ibíd., p. 13.
  6. Miller, Jacques-Alain. El Ser y el Uno; lección del 25/05/11, inédito.
  7. Lacan, Jacques. “La cosa freudiana o sentido del retorno a Freud en psicoanálisis” en Escritos I. Siglo XXI, México, 1984, p. 416.
  8. Freud, Sigmund. A propósito de un caso de neurosis obsesiva (1909). Ed. Amorrortu, Buenos Aires, 1979, Tomo X, p. 156.
  9. Ibíd., p. 156.
  10. Ibíd., p. 157.
  11. Freud, Sigmund. Anexo. Apuntes originales sobre el caso de neurosis obsesiva. Ed. Amorrortu, Buenos Aires, 1979, Tomo X, p. 229.
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