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Rufino Tamayo | Niños jugando con fuego

Una pregunta por el saber escolar, muchas respuestas desde la subjetividad

Natalia Moscoso Orrego

Natalia Moscoso Orrego Licenciada en Pedagogía Infantil U de A

En mi experiencia de ser maestra, hay un interrogante que llama mi atención, puesto que se considera que la etapa infantil (5-10años) es un momento en el que aprender y descubrir el mundo es algo interesante e inherente, pero hay niños que no desean saber. Encontrar el cartel de infancia y adolescencia para desarrollar el tema y conocer algunas respuestas ha sido satisfactorio, pues en cada sesión había más preguntas que certezas, pero nuevos caminos para indagar y mantener mi atención en la pregunta ¿Qué del contexto escolar y familiar incide para que los niños no deseen acceder al conocimiento escolar?

La búsqueda inició por caracterizar los niños de la época actual, la cual tiene cambios significativos en las estructuras familiares, pues éstas ya no son sólo nucleares; se puede observar que hay una ausencia más marcada del padre, generándose una caída del nombre del padre; madres que requieren laborar, lo cual implica un distanciamiento o simplemente un “no estar dispuestas” a renunciar o posponer sus sueños para dedicar un poco más de atención a sus hijos. Vale aclarar que no es para todos y todas, pero hay mayor tendencia a ello. A esto se le suma los significantes que conlleva tener un hijo, para que se tiene y la forma en que se guía su crianza; por ejemplo, los hijos pueden convertirse en síntoma de la pareja, en un logro más que se alcanza o en una la necesidad paterna o materna de poner su deseo en alguien que “sí lo pueda cumplir”, generando así barreras en la construcción del deseo propio del niño. Lo anterior se puede observar en las altas exigencias que se les hace en su desempeño escolar, artístico, deportivo o en su comportamiento, es como si no tuvieran espacio para el error, el cansancio y “el relajo” que también, considero, implica ser niño.

En esta forma de crianza actual hay otros dos puntos importantes, el primero es que el niño es considerado como “el rey del hogar”, por lo cual sus peticiones deben ser cumplidas, para que así el llanto, la frustración y la falta no tengan espacio; el segundo y como consecuencia del anterior, es ofrecerles una educación desde la completud, un “darles todo”, todo lo que no tuve, todo lo que dicen los referentes sociales debe tener, lo que pueda “hacerlo feliz”. Y es en este punto donde la sociedad y el capitalismo, representados en los medios masivos de comunicación juegan un papel relevante, pues en el mercado la oferta de servicios y productos infantiles es una de las más altas. También generan demandas, como la exigencia del compromiso de que los niños estén rápidamente capacitados para “construir un mejor futuro” sin olvidar consignas como “no hay límites” y “el futuro es ahora”.

A dicha demanda, los niños y niñas tienen sus propias respuestas, manifestadas con mayor frecuencia en el ámbito escolar y en el cuerpo; en actitudes como el llamado “déficit de atención”, bajo rendimiento escolar, agresividad, hiperactividad, desórdenes alimenticios, enfermedades, entre otras. Estos síntomas representan la forma en como los pequeños muestran su angustia, agotamiento y malestar por todas las exigencias que se les hace, por no tener límites claros, no tener rutinas sanas, falta de amor íntegro del otro materno o paterno, no tener espacios de diálogo, ni actividades que contribuyan sanar su ser; el no tener espacio para la falta, pues de ella es que nace el deseo, especialmente el que nos empuja a la vida y a la felicidad desde la paz.

Todo esto ha impactado la escuela. Los medios masivos de comunicación le tienen un reto y es cambiar los métodos tradicionales de enseñanza que sólo impartían conocimientos, por una educación con procesos de formación desde la experimentación, la creatividad y la formación del ser; junto a la tarea de recuperar y mantener la figura de admiración y autoridad del maestro; en cuanto a las demandas sociales, se pide a la escuela educar niños y jóvenes competitivos para el mercado global e innovador; y desde las familias, elevar el potencial académico de sus hijos, ya que esperan que éstos sean los mejores de la clase.

Es entonces, en este contexto que me interrogo por la falta de interés por el saber escolar y el aprendizaje de algunos niños.

Continuando con la indagación, me encontré con el “deseo de saber”, el cual no es innato en los humanos. Todos intentamos construir deseos, pero no todo los articulamos del mismo modo, por ende, el deseo puede articularse al saber, como puede que no. Dicho deseo cuenta con la carga emocional del otro materno y paterno, con las experiencias de vida y con la decisión subjetiva del niño; contando con esto, se debe reconocer, que el deseo por el saber escolar está íntimamente ligado al saber del inconsciente, no es el mismo conocimiento, pero si el mismo proceso de indagar, preguntar y descubrir; acciones necesarias para el aprendizaje, porque si no hay curiosidad por saber qué es, cómo es, porqué es así… tampoco habrá interés y emoción, y los niños aprenden con lo que están conectados afectivamente.

La escuela, por medio de varias situaciones también participa en los excesos del mundo infantil, que además coartan la conexión afectiva que se debe tener para alcanzar aprendizajes significativos, como son la gran cantidad de material de trabajo como libros, cartillas y plataformas virtuales, tareas para casa que terminan realizando los padres, largas jornadas escolares, diversidad de materias y exigente disciplina que promueve la quietud, el silencio y el ser todos iguales. A ello se le suma la situación en la que se encuentran muchos maestros y es que “no desean” no desean estar allí, no tienen un deseo por el saber y por supuesto sus estudiantes lo saben, ellos tienen una gran capacidad para reconocer la posición de ese otro, maestro. Y como el maestro no transmite conocimientos, sino su deseo por el saber, al no poseerlo, su posición de admiración y ley caen, generando rupturas en los procesos de enseñanza-aprendizaje.

Se puede decir entonces que hay diversas situaciones que inciden en que los niños no deseen acceder al conocimiento escolar y que tienen que ver con la subjetividad. Como es la forma de crianza desde ese estado de completud, que no deja espacio para la falta, la cual es fundamental para el deseo de saber, porque si no hay preguntas, qué necesidad hay de hallar respuestas. También está la posición del sujeto que no quiere saber nada de su historia de vida, de ese inconsciente que contiene recuerdos traumáticos y liga esta decisión a no querer saber de nada, para este caso, nada del saber escolar. También están los niños que toman el bajo rendimiento escolar como síntoma, respondiendo a las excesivas peticiones de sus padres, o cómo la oportunidad de pedir más atención y apoyo. Está el papel de la escuela, quien tiene sus propias exigencias académicas y disciplinares, que en repetidas ocasiones violentan el ser y los procesos individuales, y donde la figura del maestro no tiene su deseo puesto en el saber y los procesos pedagógicos que emprende a diario no van en el ritmo de transmitir y conectar afectivamente a los estudiantes con dicho saber. Por último y no menos importante, reconocer que el contexto familiar y escolar influyen, pero que la decisión está también en el sujeto, que puede ser pequeño, pero también es responsable.

En el cartel aprendí a no quedarme con una sola mirada, que indagar requiere preguntarse sobre cada certeza; a no olvidar que estamos trabajando con sujetos, aunque pequeños, también toman sus propias decisiones subjetivas; agradezco este espacio para desarrollar ideas, inquietudes y conocer por medio del trabajo en equipo.

Y como lo dice Gloria Lucía Sierra (2010), en su capítulo, al encuentro con los saberes,

Cada quien es responsable de su síntoma, y aunque esta condición de responsabilidad
no es discutible, el aporte que le da a un maestro, la comprensión de esta dinámica
psíquica, le permite acompañar al estudiante para ofrecer en él, otras maneras
de afrontar lo imposible. p.112

BIBLIOGRAFÍA

  • Sierra, G. (2010). Al encuentro con los saberes En: C. Sierra (Comp.) Los trazos del alma y la relación al saber. De la vida anímica y sus efectos en el aprendizaje. Medellín, Colombia: Editorial Corporación Ser Especial.

REFERENCIAS

  • Sierra, G. (2010). Al encuentro con los saberes En: C. Sierra (Comp.) Los trazos del alma y la relación al saber. De la vida anímica y sus efectos en el aprendizaje. Medellín, Colombia: Editorial Corporación Ser Especial.
  • Velásquez, J. (2007) El niño en los inicios del siglo XXI. Clase de Apertura del Curso de Introducción al Psicoanálisis “El niño en los inicios del siglo XXI”. NEL-Medellín.
  • Toro, G. (2010) “Quiero nada”: a propósito de exclu=irse del aprendizaje En: C. Sierra (Comp.) Salidos de contexto o contextos sin salida… la diversidad como discurso y la exclusión como realidad. Medellín, Colombia: Editorial Corporación Ser Especial.
  • Carmona, J. (2002). Psicoanálisis y vida cotidiana. Editorial: Siglo del hombre editores. Bogotá, Colombia
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