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Jean ARP | Composición abstracta

¿Ilegítima indignación?

Susana Schaer

“Sizan/naziS”

Un grupo de adolescentes juega en su viaje de estudios, a través de la plataforma de whatsapp, un juego al que llaman “Voz Alta”. Las reglas son “que no se pasen” y que no vale enojarse ni protestar. De una compañera escribieron “negra, gorda, cerda”, pero las cosas se ponen complicadas, cuando a un chico de religión judía le dicen “Judío de mierda te vamos a matar”.

Algunos de ellos deciden hacerse para el viaje un polerón que los identifica como “Sizan”. Uniendo ambos antecedentes los profesores deciden quitárselos y llamarles la atención. Dos de los integrantes de los “Sizan” se molestan por esta situación y publican en el grupo de la promoción, una foto en la que borran a un compañero, según ellos “gay”, y la editan junto a un comentario homofóbico al que firman “los Nazis”.

Se toman de inmediato medidas e interviene el Comité Disciplinario del Colegio, que determina la expulsión definitiva de dos estudiantes y la suspensión temporal de otros.

Los padres de los alumnos sancionados se encuentran indignados y coléricos. Algunos apelan a las sanciones y llegan a instancias ministeriales y legales, realizando amparos constitucionales, juicios penales, en una sucesión que parece no tener fin. Los alumnos pensaban que los padres tenían la situación controlada, presionando a las autoridades del colegio. Aliados incondicionales de sus hijos, vociferan, indignados por la supuesta incomprensión de lo sucedido, una picardía de muchachos, de la que ya se habían disculpado.

La Dirección solicita al área de Psicología, de orientación lacaniana, que trabaje con este grupo. En las entrevistas se habló acerca de lo sucedido, de compañeros, familia, colegio, demandándoseles ya no hablar de “nosotros” sino en primera persona, uno por uno, de su propia experiencia. Del nombre Sizan, llama la atención las infinitas versiones dadas por cada uno de ellos.

La Indignación en tiempos del discurso capitalista

Mónica Torres[1] plantea que, cuando la indignación se relaciona con una posición ética respecto del mal ocasionado a otros, puede tomar un carácter de legitimidad. Cabe preguntarse entonces si existe una ilegítima indignación, una falsa indignación.

¿Hoy se trataría de la misma indignación, de aquella de la que hablaban Aristóteles o Descartes? ¿O tal como lo plantea Lacan, frente a la evidencia del quiebre, del goce en el cenit, de la época de los Unos solos, tomaría otro carácter?

Lacan muestra en su discurso capitalista, la torsión, la reversión que se produjo en la humanidad a nivel del lazo, cuyo efecto de borramiento en relación a la impotencia y la imposibilidad, impuso una circularidad sin límite señalada en las flechas contenidas en el mismo, que dibujan un invisible símbolo del infinito, que desplegado podríamos imaginar como un nudo trivial.

La disposición de los elementos muestra, desde los años ’70, nuevos efectos, síntomas y formas sociales, donde el sujeto queda, no sólo expuesto al impacto directo de la dimensión más real del objeto, sino que a su vez comanda, en posición de amo, a los S1 en lugar de ser sujetado, representado por ellos[2].

Ninguna ideología identifica a los “Sizan”. “Sizan” no es “Nazis”, no es un significante S1 del que hacen uso para representarse ante otro significante. Ellos mismos se nominan “Sizan” y es particularmente interesante que aparezcan en sus relatos infinitas y vacías versiones acerca de su significado.

Si el sujeto es caracterizado por su vacuidad, y el significante amo al que comanda “Sizan” se presenta en una serie infinita, (S1, S1, S1…S1) que no remite a ninguna significación ¿Cuál sería el objeto que impactaría a esta subjetividad?

Podríamos pensar en el objeto voz y el Super yo, instancia compañera de la pulsión, que Freud inventa para destacar aquello que sobrepasa al sujeto y que ubica en la civilización. La versión lacaniana, en la época del Otro que no existe, produce un imperativo distinto, ya no del orden del deber, lo prohibido, la culpabilidad, sino del orden del ¡Goza![3], que en este caso daría una respuesta a estos sujetos, vía un empuje hacia un narcisismo sin brújula, un yo fuerte, un “empoderamiento”, que en los sujetos del caso que nos ocupa, se mostraría en el plus de popularidad y sentido de pertenencia del que “gozarían” pero que en su reverso esconde, la pérdida de confianza en los significantes amo y una nostalgia por los grandes designios[4].

En este grupo se observa la marca de la época en la que se inserta, donde el síntoma no es una formación del incosciente, sino simplemente un modo de goce, presente en un discurso que no tiene reverso posible.

Nominaciones, reversiones y anudamientos

Hacia los años ’70, ante la caducidad de la nominación edípica, Lacan plantea la emergencia y prevalencia de otro tipo de nominación, el “Nombrar para” correlativa a la pérdida de la dimensión amorosa de la época y a un sujeto atrapado en un orden de hierro. Lacan plantea que en los casos en que este tipo de nominación es el que opera “lo social toma prevalencia de nudo”[5]

En el caso de los alumnos de la Pre promoción, podríamos recurrir a anudamientos operados con toros, donde a partir de ciertas reversiones, quedan algunos registros atrapados dentro de otro, perdiendo la característica borromea, aquella que señala que siempre hay un registro tercero mediando. En todo caso, el que envuelve a los otros dos deja en un impasse (palabra que Miller sustituye en la actualidad al término malestar freudiano) que podrá ser superado con una nueva reversión.

En estos casos, Nieves Soria propone considerar la nominación social como ese toro que envuelve a los otros, sobre el cual la operación analítica debe operar un corte (salida del discurso capitalista) y así restablecer el funcionamiento borromeo[6].

Acción institucional, acción lacaniana

La dificultad de hacer lazo, con sus torciones y reversiones, el borramiento de la impotencia y la imposibilidad, el pretender no dejar un resto, propios de la época, hacen que el llamado al que incita la indignación, en muchas ocasiones, no pueda ser acogido por las instancias públicas o políticas que deberían dar lugar a las nonadas, desamparadas, efecto del mismo discurso.

Es así que en la experiencia detallada en el presente trabajo, la Institución Escolar queda expuesta a este mundo puntillista -tal como lo nombra Bauman-, fuera- de- norma, donde cada quien quiere imponer la propia, constituirla en un universal, e instituir con un marcado cinismo, apelando a cuestiones legítimas, como por ejemplo la libertad de expresión, el agravio a otros.

Se trataría de una falsa, ilegítima indignación, que se instalaría a partir de un falso discurso, el Capitalista.

En este ejemplo se ven ambas versiones, una ilegítima y una legítima indignación y una instancia institucional que intenta -no de un modo romántico- no dejarse atropellar ni amedrentar por la ambigüedad de la época, del todo da lo mismo, sino que puso el cuerpo, encarnó la autoridad, puso el límite usando los mecanismos de la ley y los reglamentos existentes, y no sólo eso, sino que ofertó un espacio para que los alumnos pudiesen tomar la palabra y no quedarse en la banalidad -de la que habla Hanna Arent-, con la finalidad de no dejarlos solos, desamparados frente a lo sucedido.

Brújulas e Intervenciones: Apostar por el Inconsciente en el siglo XXI

Lacan en Televisión, vislumbra la incidencia del psicoanálisis para este sujeto, como una salida.

Nieves Soria plantea que si bien existe hoy una degradación de lo simbólico, no debemos perder el interés por el sujeto que puede encontrarse detrás de esas presentaciones vacuas propias de la época. Esto la lleva a pensar que “el deseo del analista puede encontrar su causa en ese vacío deshabitado, a partir del cual surge el desafío de construir un nuevo orden simbólico singular”[7].

En el presente caso se trataría de hacer una apuesta por el Inconsciente, de poder agujerear, encarnar una inconsistencia que le permita a este “sujeto- grupo” quitar densidad a su nominación “Sizan”, restituir la impotencia y la imposibilidad, y así oponer a su vacuidad, a la banalidad de la serie infinita, la posibilidad de tomar este significante, “Sizan”, e incluirlo en una cadena, relacionarlo con la propia historia, producir un efecto de significación y hacer surgir allí la posibilidad de que emerja el sujeto, uno por uno, su división, su singularidad.

¿Una legítima indignación?

Sí, se trataría de una posición ética que lleva a la acción, pero no por la vía de un romantisismo demencial que pretendería llevar lo que Hegel denominaba el corazón, lo más singular, lo más profundo de cada quien, hacia un universal [8]. Una legítima indignación sería resistirse a vivir sin el valor dado a aquellos significantes singulares que representarían al sujeto en su dignidad.

NOTAS

  1. Torres, M., “¿Es la indignación una pasión?” Boletín OCI 4, IX Enapol, 2019
  2. Soria Dafunchio, N., “Cuando lo social toma prevalencia de nudo”, https://revistas.unal.edu.co/index.php/jardin/article/view/36063
  3. Miller, J.- A., El Otro que no existe y sus comités de ética, con colaboración de Eric Laurent, 1ra edición, Buenos Aires, Paidos, 2005, pág.19
  4. Ibíd, pág.20
  5. Lacan, J., Seminario 21, Le non-dupes errent, clase del 11 de junio de 1974. Inédito.
  6. Soria Dafunchio, N., “Cuando lo social toma prevalencia de nudo”, https://revistas.unal.edu.co/index.php/jardin/article/view/36063
  7. Ibíd.

Valls Plana, R., Del Yo al Nosotros, Lectura de la Fenomenología del Espíritu de Hegel, 3ra edición, Barcelona, Promociones y Publicaciones Universitarias S.A.1994.

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