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Joan Miró | El carnaval del arlequín

Las consecuencias clínicas de la sexualidad femenina

Carlos Chávez Bedregal – Integrante de APL-Arequipa, Grupo asociado a la NEL

JAM[1] nos recuerda que el hilo que recorre todo El Seminario 4, es una teoría de la madre, dirá que se trata de las consecuencias clínicas de la sexualidad femenina para todo sujeto en la medida en que cada sujeto es hijo de una madre, un efecto de lo que Lacan escribe como DM, “Deseo de la Madre”, pero no ese Deseo de la madre que conocemos en Las formaciones del inconsciente, sino uno que surge en un primer momento, cuando él nota que en inglés la palabra “exigencia” es “demand” y que se utiliza también para el “apetito”. Se refiere al Deseo de la Madre como mujer, es decir a la castración femenina, a la madre como sujeto correlativo de una falta, no la falta en ser sino la falta de un objeto, que produce una insatisfacción, la insatisfacción constitutiva del sujeto mujer, a partir de esto se puede decir que la madre lacaniana responde a la fórmula “quaerens quem devoret”, “busca a quien devorar”. Para Miller la cuestión esencial del psicoanálisis con niños es la sexualidad femenina, no se trata de la mujer en relación con su goce, se trata de la mujer en relación con el falo, con el significante falo que hace de ella un ser en falta, y propone el siguiente matema: (Sñ ◊ [Sf ◊ (-φ)]).

Expuesto esto, revisaremos las coordenadas del encuentro de un sujeto con la sexualidad femenina y sus efectos a partir del Testimonio de Pase de Patrick Monribot[2].

Siendo niño el sujeto sufrió una grave enfermedad que para entonces a menudo era mortal: una grave tuberculosis, los médicos le pronosticaron como mucho de tres a seis meses de vida dado que esa enfermedad era virulenta y evolutiva. Treinta años más tarde, ese mismo sujeto tiene el siguiente sueño: “es médico y va a cuidar a un niño gravemente enfermo que vivía en un pueblo perdido en el fondo del campo, en el camino se pierde en el bosque, tropieza con un bulto y descubre el cadáver descompuesto de un niño sin sepultura. El sujeto observa el cadáver y descubre estupefacto que es él mismo ¡cuando era niño!” A propósito de este sueño le dice a su analista: “¡Yo estaba muerto y no lo sabía!”. El analista aprueba cortando la sesión.

En esa misma época, un primo suyo murió a causa de esta epidemia, el médico que había previsto su muerte en un breve plazo de tiempo y previno a los padres de este cercano final. El resultado para el niño fue tener en la cabecera de su cama una madre desesperada y sumida en un gran duelo, y aunque muy cariñosa, no supo o no pudo evitar a causa de una enigmática inhibición, la contaminación de su hijo, permitió que un tío cercano con grandes riesgos de contaminación abrazara a su hijo, no se atrevió a oponerse a este abrazo, ese fue el momento de la contaminación. Este sueño de adulto analizante con ese cadáver de niño abandonado y sin sepultura permite entrever la identificación al niño amado destinado a morir y cuya madre ya portaba el duelo, incluso antes de que este niño hubiera muerto, este sueño enseña que el “Deseo de la madre”, encubre siempre una dimensión mortífera inconsciente: a pesar de su amor, ¿por qué deja a su hijo expuesto, con conocimiento de causa, a un peligro de probable contaminación? -se pregunta Monribot, para decir luego que este sueño tiene que ver con las leyes de lo Simbólico pues pone en escena el efecto del lenguaje, una borradura del goce por efecto del significante, el cuerpo abandonado por el goce se hace “corpse”, (cadáver), desde ese momento, para poder sentirse vivo a pesar del impacto mortificante del lenguaje, hay que introducir de una manera u otra la vida y el goce. Ahí interviene la función del fantasma, la misma noche de aquel sueño del niño muerto, el sujeto tiene un segundo sueño que responde al primero: “El niño hace gozar a una mujer sin tocarla, lo hace con el mando a distancia del televisor. ¡Es un instrumento muy práctico! Basta con subir o bajar el volumen del goce, según le plazca…”. De esa manera, el sujeto es a la vez espectador de la escena y “voyeurista” del sexo femenino. El sujeto reintroduce así un goce fetichizando el cuerpo de una mujer, hace del cuerpo femenino un objeto a “plus-de-gozar”. Es una forma de reintroducir algo de lo vivo bajo una forma sexual. Así, mediante el fantasma indicado en este sueño, él responde a la mortificación del lenguaje y al deseo mortífero de la madre.

Este sueño nos indica el rasgo perverso de la solución fantasmática del sujeto: mirar gozar su fetiche, sin embargo el rasgo perverso es siempre la firma de un desmentido, 1) el de la castración femenina, esta mujer goza de manera puramente fálica como un hombre, 2) desmentir lo real de la pulsión de la cual el sujeto no quiere saber nada, la mirada no es reductible a un objeto perdido, en ese lugar hay un cuerpo de mujer contemplado como en la televisión, 3) este fantasma hace pensar que el goce femenino ¡se podría mirar y dominar con un mando de televisión! hay un desmentido del goce femenino en tanto que real.

¿Cómo ha organizado ese desmentido la neurosis infantil del sujeto? Tres marcas han sido puestas en serie en el pase: 1)“De muy pequeño, el niño observa a su madre orinando en cuclillas. Ella está vestida y no lo hace de pie, como él. La madre, le dice que ella «hace pipí por un agujero»”, el niño empieza a tener una enuresis nocturna que durará varios años, síntoma que es la respuesta a la castración materna, la neurosis responde al agujero en el Otro. La enuresis surge como intento de desmentir ese agujero: el pene del niño no cesa de “mear” como una forma de verificar que el sujeto no orina por un agujero. 2) “el niño quiere verificar con sus propios ojos el agujero maternose aventura a mirar por debajo de las faldas de su madre su propósito es ver, o más bien anular, dicho agujero. Pero él, no puede percibir nada, solo una espesa sombra en los pliegos de la falda, sin embargo, el niño recibió como respuesta una bofetada de su madre. Esta bofetada marcó al sujeto de un modo primordial, es un trauma que recubre el trauma de la castración, es también es un encuentro con el Superyo que dice “¡No!”, que viene a borrar un primer goce que es el de “ver”. Se trata de anular la castración materna a toda costa, mediante la dimensión de la mirada, este objeto – la mirada – es un semblante que recubre la falta fálica de la madre: allí donde hay “menos phi”, el sujeto coloca un “plus-de-gozar” pulsional, en este caso la mirada. La mirada se convierte así en un objeto causa, este objeto está depositado en el Otro, por parte del sujeto, este vacío producido por la pérdida será desmentido por el rasgo perverso. 3) En relación a la vida amorosa adulta el sujeto siempre buscaba relacionarse con las girls phallus con las cuales el fracaso es previsible y siempre lo lleva al estrago.

La cura posibilita al sujeto el levantamiento del desmentido de la castración materna permite al sujeto ser padre, consentir ocupar ese lugar y hacer de una mujer la madre de su hija. Pero para eso, aún hizo falta descompletar el Otro materno, cesar de imaginarse ser el falo de su madre, sustraerle el falo a la madre con el fin de apropiárselo y, llegado el momento, ofrecérselo a una mujer bajo la forma de un hijo.

No voy a desarrollar más el pase, pongo énfasis en el encuentro del sujeto con ese DM que cadaverizó el cuerpo como niño muerto, por otro lado entiendo que el fantasma devuelve la vida con los tres desmentidos, que tienen que ver directamente con la sexualidad femenina, con la castración de la madre, con el goce femenino más allá de lo fálico, y la emergencia del objeto mirada, -donde había un –φ, habrá un plus de goce, objeto que el final del análisis deberá extraer.

NOTAS

  1. Introducción a la lógica de la cura de Juanito, según Lacan en Conferencias Porteñas Tomo 2, pág. 216.

Del diván a la Escuela en Recorridos Colección de la ELP Nº11, pág. 15.

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