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Joan Miró | El carnaval del arlequín

Nominación y estrago materno

Gloria Ruiz – Asociada a la NEL-Guatemala

Existen dos modos de nominación:

  1. La nominación por la vía del Nombre del Padre.
  2. La nominación que tiene como base el nombrar para.

Para referirme a estos dos modos de nominación considero importante reflexionar sobre dos citas de Lacan, de la clase 10, del 19 de marzo de 1974. Del seminario 21: Los no engañados erran. Al referirse al nombre Lacan expone: “…allí está indicado que el amor tiene que ver con lo que yo aislé bajo el título de Nombre del Padre…Para llevar ese nombre no basta que aquella en la que se encarna el Otro, el Otro como tal, el Otro con O (A) mayúscula, aquella digo en quien el Otro se encarna- no hace nada más que encarnarse, encarnar la voz-a saber, la madre. La madre habla, la madre por la cual la palabra se transmite, la madre hay que decirlo, es reducida a traducir ese nombre (non) por un nodo. Él; justamente el no que dice el Padre lo que nos introduce en el fundamento de la negación”. [1]

“…Se trata de un sesgo de un momento que es aquel que vivimos en la historia… la perdida de lo que se soportaría en la dimensión del amor… a ese Nombre del Padre se sustituye una función que no es otra cosa la del “nombrar para”. Ser nombrado para algo, he aquí lo que despunta es un orden que se ve efectivamente sustituir al Nombre del Padre. Salvo que aquí, la madre generalmente se basta por si sola para designar su proyecto, para efectuar su trazado, para indicar su camino… es sin embargo ella, ella, su deseo lo que le señala a su crío ese proyecto que se expresa por el “nombrar para”. Ser nombrado para algo. Es bien extraño que lo social tome un predominio de nudo…el detenta ese poder del “nombrar para” al punto de que después de todo se restituye con ello un orden, un orden de hierro… ¿Acaso ese “nombrar para” no es el signo de una degeneración catastrófica?”[2]

La primera forma de nominación por la vía del Nombre del Padre está en estrecha relación con el amor y con el hecho de dar un nombre, con nombrar lo innombrable al estilo de yo decido que así se llama, sin ir más allá, no conlleva la intención de un uso, de una función, no hay un cálculo sobre lo que se espera del otro.

M. Barros plantea que “El nombre del Padre es una instancia que funda un modo de nominación sobre un trasfondo de aceptación de una imposibilidad y que…la fe, la confianza, la certeza…tiene en cuenta la dimensión de lo incalculable sobre lo que se espera del otro.”[3]

M.H Brousse manifiesta que Lacan establece una articulación entre el nombre (le nom) y el no (le non) diciendo que la familia se establece en un lazo muy fuerte entre el decir no y la prohibición, incluso la interdicción del incesto. El Padre permite pasar del no de la prohibición al Nombre del Padre que es el Padre de la metáfora Paterna y en la cadena significante.

La segunda forma de nominación, la nominación que surgiría del “nombrar para”, no es él te doy un nombre sino te nombro para, te nombro para un uso, te nombro para una función.

En esta época en “este momento que es aquel que vivimos de la historia”[4] donde es evidente la decadencia, la evaporación del Nombre del Padre, la perdida de los valores de la tradición, los cambios en el modo de producción capitalista unido a las tecno-ciencias, encontramos un mayor énfasis en el nombre que en el Padre, lo que trae consecuencias importantes en la función y en los estilos de goce del lado de la madre.

Es en este hacer de las madres sin el Padre, en el ejercicio del “nombrar para” Lacan se pregunta ¿si no es una degeneración catastrófica?

Al respecto Marcelo Barros se pregunta si esto catastrófico puede referirse a los nuevos síntomas; toxicomanías, anorexias y bulimias que también más que un síntoma son formas de estrago.

El padre del “nombrar para” es el padre del sí, aquel que siempre dice que sí, reforzando cada vez más la voz del superyo materno, como la pura voz que daría mayor poder al capricho materno. Seria aquel que contribuye cada vez más a la “extensión del imperio materno”, al mayor poder de lo real sobre el poder del significante promoviendo así el goce como mandato.

M.H Brousse sostiene que “el superyo viene allí donde falta el poder de nombrar atribuido a la autoridad…para nombrar algo se necesita una marca, de una autoridad…no basta el uso…”

También cita a Lacan en el seminario 18, “¿Qué dice el padre en el ocaso del Edipo? Dice lo que dice el superyo…lo que dice el superyo es- ¡goza!” [5]

Podemos concluir que en nuestra época es cada vez más generalizado este tipo de nominación por la vía del “nombrar para” donde el fracaso de la metáfora paterna, desvanece la posibilidad de que funcione “el palo de piedra” (el falo) para evitar que se cierre la boca del cocodrilo, al ser dotado de un mayor poder tanto el capricho como el goce materno, bajo el régimen del imperio superyoico de goce, privilegiando el lugar de la voz.

Con todo esto ¿no estamos hablando de estrago materno?

Nominación y análisis

Podemos decir que un análisis es un proceso de nominación justo porque tiene como efecto aplacar el poder del superyo, poniendo en el lugar de la voz, el objeto, pero el objeto como causa de un deseo, el objeto a, “objeto de un deseo nombrado”[6]

Miller nos recuerda que la cuestión del nombre del Padre y de Los Nombres del Padre siempre fue para Lacan del orden de la clínica y que el distinguir el padre simbólico, el padre imaginario y el padre real, implica consecuencias muy fuertes en la conducción misma de la cura. “…presenta el Nombre del Padre como el principio del método clínico, y como un factor decisivo en la conducción de la cura…”.[7]

En RSI Lacan postula que: una mujer puede ser síntoma de un hombre y que un hombre puede ser para una mujer un estrago, y que en este caso se verá el sin límite de las concesiones que una mujer puede llegar a hacer por un hombre. Estas concesiones serian similares a las que fue capaz de hacer por su madre.

En este mismo seminario Lacan propone que: “Nombrar es la función radical del Nombre del Padre…con todas las consecuencias que esto comporte…hasta en el gozar”[8].

Así vemos como lo real está presente y Lacan nos lleva a concluir que la nominación simbólica no basta y que hay que interrogarse por el padre en lo real.

Acerca del Padre que nombra y en relación a la propuesta de Lacan de ir más allá del padre a condición de servirse de él. Xavier Esqué, plantea: “Este es el padre que nombra cuya nominación no puede ser más que sintomática es decir no limitada a lo simbólico porque participa también lo real…La nominación es una suplencia de la inconsistencia del Otro es una suplencia del S(A/), ahora bien, la nominación es efectiva cuando produce un efecto sintomático en el goce del sujeto”[9].

En este momento de la enseñanza de Lacan el Nombre del Padre no es ya solo un significante, sino que planteará que quien puede desempeñar la función de síntoma será el padre como hombre y la madre como mujer, ya no es un significante.

Es por esta vía que podemos constatar en algunos testimonios del Pase, como, la dirección de la cura apunta en algún momento a lo real, al Padre Síntoma, ese padre que puede cumplir la función paterna, la función síntoma, ese es aquel padre deseante capaz de hacer una mujer, su síntoma en tanto hace de esta ese objeto causa de su deseo, una mujer que estará en el lugar del objeto que lo causa. En RSI Lacan expone “Un padre no tiene derecho al respeto, sino al amor más que si el dicho respeto, el dicho amor esta-no van a creerle a sus orejas-peveres-ment, orientado, es decir hace de una mujer objeto a que causa su deseo”.[10] Este hecho de la elección de una mujer por el padre da a conocer el modo de tratamiento que ese padre, le da a su goce, en lo más singular, en lo más particular donde el deseo y el goce se articulan. “Este sería un nombre de padre cargado de goce”[11].

María Cristina Giraldo al hablar de algunos aspectos de su testimonio, en la sesión 1 de Seminario de Formación Lacaniana. Tema: Indignación, el 09 de marzo de 2019. Plantea lo siguiente: “…el padre de la ley o el de la metáfora paterna que conlleva un carácter normativo común, a diferencia del padre síntoma o de la perversión que singulariza al padre, yo pase con alivio del padre que hace de, del padre de los universales edípicos que en mi versión fallaba al no poner un límite al estrago materno, a otra versión, la del padre que goza e hizo de una mujer, aunque no fuera mi madre, causa de su deseo. No hay legado que dignifique más que el ser hija de un padre síntoma, de un padre que goza; en tanto la filiación no hace huella por la vía del parecido físico sino por lo comparable del padre real, y por el “hay de lo uno” de mi diferencia… la lógica de la cura tiene que atravesar las pasiones del ser para acceder a la opacidad del uno del goce, el goce propio del sinthome es opaco en tanto excluye al sentido, es aquello a lo que accedí al final de mi análisis como el esguince incurable entre la verdad y el sentido con un real.”

Carolina Puchet en su artículo “Lacan y el Padre” Cita a Kartz L. quien propone “Este nombre de goce que no vale como nombre propio, este padre que no goza del sujeto, sino que le dice tengo mi propio modo de goce, goza tú, goza de tu síntoma”. A lo que Carolina agrega “hace que el sujeto también tenga que hacerse a su propio modo de gozar, es decir, gozar de síntoma y ser su síntoma”.

En conclusión, será este Padre síntoma que hace las veces del Nombre del Padre desde lo real que permitirá salir del estrago o evitar la psicosis según el caso. Por la vía de autorizar al Parletre a gozar y ser su propio síntoma.

NOTAS

  1. Lacan J, Seminario 21, “Los no engañados erran”, Clase 10, 19 de marzo de 1974.
  2. Lacan J, Seminario 21, “Los no engañados erran”, Clase 10, 19 de marzo de 1974.
  3. Barros Marcelo,”El orden de Hierro”, http://www.marcelobarros.com.ar/template.php?file=Clinica/El-orden-de-hierro.html.
  4. Lacan J, Seminario 21, “Los no engañados erran”, Clase 10, 19 de marzo de 1974.
  5. Brousse, Marie-Helene, 2011, “El Superyo: del Ideal hacia el objeto.” Editorial Babel, Pag. 72,74.
  6. Brousse, Marie-Helene, 2011, “El Superyo del Ideal hacia el objeto.” Editorial Babel, Pag. 75.
  7. Miller, JA, 2009, “Conferencias Porteñas 2” Pag. 76
  8. Fryd Adela, 2007 “Otra vez el padre”, Gramma Ediciones. Pag 132.
  9. Esque, Xavier, “Acerca del padre que nombra. Puntuaciones pasar del padre, servirse del sinthome”
  10. Fryd Adela, 2007 “Otra vez el padre”, Gramma Ediciones. Pag 132.
  11. Fryd Adela, 2007 “Otra vez el padre”, Gramma Ediciones. Pag 133.
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