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Joan Miró | El carnaval del arlequín

Un cambio de perspectiva con relación al estrago materno

Maria Isabel Uribe – Miembro NEL-Medellín

Abordar el tema del cartel ”estrago materno” me motivó en principio a revisar lo que de Jacques Lacan había leído en los Seminarios “RSI” y “El sinthome”, específicamente en lo concerniente a la forma como consideraba lo que podía ser un hombre para una mujer, una aflicción, incluso un estrago, y lo que podía ser una mujer para un hombre, un síntoma.

Para Jacques-Alain Miller la fórmula de Lacan, “para un hombre, una mujer es un síntoma”,[1] le permitió generalizar y conceptualizar lo que en La Orientación Lacaniana llamó partenaire-síntoma. Es así como lo indica en el Seminario “Nuevas Inquisiciones Clínicas”, dictado en Caracas en 1998. Allí hace referencia a que no considera suficiente para ubicar al sujeto en la clínica, el gran Otro y el pequeño otro, es decir, el partenaire simbólico y el partenaire imaginario. Que se hace necesario introducir un tercer partenaire, que permita ubicar suficientemente la función económica, la función libidinal. Se trata del partenaire real, “el partenaire ubicado en la economía del goce”.[2]

Ya en el Seminario “El hueso de un análisis”, dictado en Brasil en ese mismo año, invitaba a una “conversión de la perspectiva”,[3] referida a dos efectos del significante en el cuerpo: el de la mortificación que conduce al fantasma, y el de ser causa de goce, del plus de gozar, que conduce al síntoma. Mientras que el fantasma supone el cuerpo mortificado por el significante, el síntoma se refiere al cuerpo vivificado.

Hablar de cuerpo vivificado introduce a su vez una nueva perspectiva, la del ser hablante, que incluye el cuerpo y que desborda la noción de sujeto. Pero de esta forma, dice J.A. Miller, “el concepto de gran Otro también resulta cuestionado”.[4] En adelante lo llamará pareja-síntoma, como simétrico al de parlêtre, como el correlato del parlêtre.

El Otro del que se trata entonces en la pareja-síntoma no es más un cuerpo mortificado, vaciado de su goce. Se trata de un cuerpo vivo, sexuado.

“¿Qué significa, entonces, el término pareja-síntoma?”, se pregunta J.A. Miller en dicho Seminario: “Que el Otro se torna el síntoma del parlêtre, esto es, se torna un medio de goce”.[5] Otro modo de decirlo es que el parlêtre se sirve del Otro para gozar, que el parlêtre hace entrar al Otro en el circuito de su goce pulsional.

Se trata por tanto de un modo de gozar del cuerpo del Otro, de un Otro cuyo lugar es el cuerpo, bien sea “el propio cuerpo como el cuerpo de cualquier otro”.[6]

Para situar el cambio de perspectiva con relación al estrago materno, y con base en las fórmulas de la sexuación, J.A. Miller determina la pareja-síntoma del lado femenino como gran Otro tachado.

La demanda de amor, en su carácter potencialmente infinito se dirige entonces al gran Otro tachado. De allí retorna al parlêtre femenino como devastación, bajo la forma del estrago.[7]

El estrago es la otra cara del amor, dice J.A. Miller en el Seminario “El partenaire-síntoma”. Es la faz de goce del amor; esto quiere decir, dar todo, sin límites, por amor.[8]

En el estrago materno, en el amor filial, se hace pareja-síntoma con la madre. Ante la pregunta por el deseo del Otro, el ser hablante encuentra un exceso de sentido, un goce sentido, ante el cual responde ubicándose como su partenaire.

Si las pulsiones “son el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir”,[9] el parlêtre ofrece su cuerpo como partenaire de dicho decir.

En el circuito pulsional, que desde el Seminario 11 Lacan remarcaba que parte del propio cuerpo para retornar a él como a su blanco,[10] la pulsión va hacia el Otro, hacia el campo del amor, por medio de la demanda de amor, para retornar al propio cuerpo y obtener así la satisfacción. Es en el propio cuerpo donde se encuentra la finalidad propia de la pulsión, como satisfacción, como un hallazgo de goce real.[11]

Es precisamente en este punto donde dicha satisfacción puede mostrarnos la otra cara del amor, el estrago, constituyéndose en el partenaire real de un ser hablante. Es la otra cara del amor, la devastación, vivida como un goce sin límites, resultado de haberse ubicado como partenaire síntoma del goce o del deseo materno.

NOTAS

  1. Miller, Jacques-Alain. “Nuevas Inquisiciones Clínicas” en Seminarios en Caracas y Bogotá. Paidós, Buenos Aires, 2015, p.466.
  2. Ibíd., p.466.
  3. Miller, Jacques-Alain. El hueso de un análisis. Tres Haches, Buenos Aires, 1998, p.53.
  4. Ibíd., p.70.
  5. Ibíd., p.72.
  6. Ibíd., p.72.
  7. Ibíd., p.81.
  8. Miller, Jacques-Alain. El partenaire-síntoma. Paidós, Buenos Aires, 2008, p.276.
  9. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 23: El sinthome. Paidós, Buenos Aires, 2006, p.18.
  10. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 11: Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis. Paidós, Buenos aires, 1999, p.201.
  11. Miller, Jacques Alain. “Nuevas Inquisiciones Clínicas”. Op. cit. p.525.
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