«La gente me provoca confusión. Eso me pasa por dos razones principales. La primera razón principal es que la gente habla mucho sin utilizar ninguna palabra. […] la segunda razón principal es que la gente con frecuencia utiliza metáforas. He aquí ejemplos de metáforas: Se murió de risa. Era la niña de sus ojos Tenían un cadáver en el armario. Pasamos un día de mil demonios. Tiene la cabeza llena de pájaros […] La palabra metáfora significa llevar algo de un sitio a otro […] es cuando uno describe algo usando una palabra que no es literalmente lo que describe […] Yo creo que debería llamarse mentira porque no hay días de mil demonios y la gente no tiene cadáveres en los armarios. Cuando trato de formarme una imagen en mi cabeza de una de estas frases me siento perdido porque una niña en los ojos de alguien no tiene nada que ver con lo que algo le guste mucho y te olvidas de lo que la persona decía»
Christopher Boone
(Personaje del libro El curioso incidente del perro a media noche)
Mark Haddon
Un cuerpo se constituye a partir de un acto psíquico que efectúa el anudamiento entre los registros: real, simbólico e imaginario; el sujeto puede apropiarse de una imagen y de una matriz simbólica que lo introduce en el discurso. La función que cumple el estadio del espejo es poner en relación lo real del cuerpo (organismo) con el mundo exterior. Para ello se requiere de la mirada y de la voz del Otro, que el sujeto consienta al Otro del discurso y se abra a la posibilidad de acceso a lo simbólico para que se produzca un cuerpo atravesado por el significante.
En el autismo no se da este proceso, prevalece un cuerpo real; el sujeto autista no admite la intervención del Otro del discurso. Por lo tanto no se logra el efecto de consistencia de cuerpo, por el contrario persiste una falla en lo simbólico. El sujeto quedó atrapado en el tiempo del balbuceo. Es en el balbuceo donde se produce la alienación al lenguaje, lo que Lacan llama lalengua que adquiere materialización significante a partir del lalaeo, separado de toda significación; dice Elena Sper «en el autismo se produce más bien una especie de enjambre de trazas que invaden el cuerpo» (2013). Es una traza que no alcanza a erigirse en marca simbólica en tanto el efecto del encuentro con el Otro del lenguaje queda pluralizado en una serie de S1 que no hacen cadena.
En el seminario XX Lacan afirma de lalengua que esta «afecta por todo lo que comporta de los afectos que son efecto». Es un punto traumático que afecta al viviente cifrando el modo de relación del sujeto con el goce. Así, el ingreso en el lenguaje se da a partir de una marca del goce en lalengua, constituida por significantes que no apelan a nada, S1 sin S2; «lalengua no hace cadena sino que se presenta como un enjambre significante» (Lacan). Apertura en la construcción inicial de un cuerpo hablante, un cuerpo que se hace sede de lalengua y que en su mediación hace hablar al cuerpo que goza.
En el autismo, no es que el sujeto no hable, sino que su palabra no está articulada en el orden del discurso, no está articulada al sentido con la lógica de la cadena significante, un S1 no se dirige a un S2, se queda en la traza de significantes.
Así dice Maleval «para el autista hay dificultad en tomar la palabra» y aunque muchos de ellos presentan una singularidad del mutismo Lacan plantea que se caracterizan por lo verbosos, hablan pronunciando las palabras sin la utilidad del lazo social, las más de las veces sin expresividad y además con sordera al sentido.
Aduce además Maleval «si hay una constante discernible en todos los niveles del espectro del autismo, esta reside en la dificultad del sujeto para tomar una posición de enunciador. Habla, sin problemas, pero con la condición de no decir». Es un modo de funcionamiento singular del autista que no logra tomar la palabra de manera auténtica.
Ahora bien, provocada por la pregunta sobre el cuerpo en el autismo, y habiendo tomado contacto con el libro El curioso incidente del perro a media noche, pretendo centrar en algunas líneas cuestiones que podemos extraer de su lectura a propósito de la falla en lo simbólico.
Christopher Boone, protagonista y al mismo tiempo narrador del libro, representa a un joven autista de 15 años, 3 meses y 2 días. Conoce las capitales de todos los países del mundo, tiene una alta capacidad para estudiar el espacio que le rodea con un interés particular por las estrellas. Puede explicar la teoría de la relatividad, le gustan las listas, los esquemas y la verdad. Probablemente responde a la necesidad del autista de buscar referencias fijas.
Prefiere los espacios conocidos en los que solo tiene que reconocer pequeñas modificaciones, ya que cuando hay un exceso de estímulos dice «no funciono correctamente». Tiene problemas para comprender el lenguaje no verbal, contextual y ambiental. Se confunde con los gestos de las personas porque no sabe interpretar lo que quieren transmitir con un gesto, por ello recurre a la referencia de ciertas imágenes en un esfuerzo por hacer coincidirlas con la intención del gesto.

Le frustra que el mundo sea tan complejo, por lo que hay ocasiones en las que se siente débil y asustado.
Para el autista la comprensión del lenguaje de los demás se presenta con la literalidad y la ausencia de humor, además de la dificultad para identificar gestos y mímicas, la entonación, se relacionan en espejo con un desconocimiento en el interlocutor del enunciador presente más allá de sus enunciados. Muchos autistas afirman haber descubierto tardíamente que la palabra servía para expresarse (Maleval).
En el texto Christopher nos enseña su modo de estar en el lenguaje y sus invenciones respecto al vínculo social. Este singular personaje se sabe los números primos hasta el 7.507, le gustan estos números porque aduce «son útiles para crear códigos… los números primos son lo que queda después de eliminar todas las pautas. Yo creo que los números primos son como la vida. Son muy lógicos pero no hay manera de averiguar cómo funcionan» (Haddon, 23)
A propósito Maleval indica que los números primos representa una fascinación especial para muchos autistas, lo curioso es que estos son números que por su propiedad no remiten a nada, un número que desemboca en el vacío, que no tiene más referencia que él mismo, constituyen un elemento imposible de descomponer. Un significante uno que no remite al dos. El manejo de los números primos le permite al autista hacer un recorte que no ha podido hacer con su propia imagen.
Christopher se empeña en hacer una investigación a la manera de Sherlock Holmes, personaje preferido de sus lecturas y escribir una novela policiaca que revele los detalles del asesinato de Wellington, el perro de su vecina, que encontró muerto en el jardín. Así, decide iniciar la búsqueda de detalles que le den la pista de la muerte del perro.
Se hace un plan con un ordenamiento lógico, porque le gusta que las cosas sigan un orden preciso, para él eso representa ser una persona lógica, en el sentido de ser lo suficientemente preciso, tener capacidad de razonar las ideas y hechos de manera coherente y sin que exista la contradicción. Por eso prefiere las matemáticas que son seguras. Así hace referencia a El Problema de Monty Hall porque ilustra perfectamente la lógica que ayuda a deducir respuestas que son correctas. La intuición por el contrario, dice «puede hacer a veces que nos equivoquemos… la intuición es lo que la gente utiliza en la vida para tomar decisiones. Pero la lógica puede ayudarte a decidir la respuesta correcta» (Haddon, p. 90).
Esto le permite a Christopher tener un control del caos que representa su relación con el mundo, se hace un ordenamiento propio que le mitigue la angustia en su relación con lo imprevisto, porque no soporta la sorpresa y lo inesperado, siempre trata de calcular. Dentro de ese control en el que se empeña, sabe cuándo va a ser un día malo/bueno, o incluso súper malo/súper bueno, solo por el color y la cantidad de coches que vea pasar frente a su ventana. Para él es un juego que le proporciona cierta seguridad frente al mundo exterior.
Como dice Maleval «Lo simbólico no consigue atemperar el caos de su mundo y de sus emociones, algunos autistas desarrollan notables estrategias para suplir su falencia. Estas tienen en común una búsqueda de control de lo absoluto, pero presentan una variedad bastante grande: pueden pasar por la invención de un mundo, por la búsqueda de reglas inmutables, por la apropiación de un saber totalizador en un dominio restringido» (p.153). Así, gran parte de los autistas están imbuidos en una preocupación exclusiva e inhabitual.
A este personaje no le gustan los desconocidos, ni sentir que la gente se ríe de él o que la gente lo toque, dice no entender las metáforas y aduce que le cuesta entender los chistes, pregunta cosas fuera de lugar porque no entiende el código social, no entiende ni comprende las miradas, el ruido y la acumulación de personas en un espacio reducido.
Si trata de decir una frase haciendo que las palabras signifiquen dos cosas distintas a la vez, dice «es como si escuchara dos piezas distintas de música al mismo tiempo, lo cual es incómodo y confuso, no agradable como el ruido blanco. Es como si dos personas te hablaran a la vez sobre cosas distintas». (Haddon, p. 18)
Los gestos y las palabras no implican al autista en el lazo social, le resulta difícil captar las referencias del otro, no puede saber de los sentimientos, como tampoco sabe leer la enunciación, de ahí que resulte difícil la comprensión de los afectos tanto de los otros como de los propios, hay una falla en la comprensión del humor y la ironía, falla ante lo simbólico del lenguaje.
Así, el autista hace un uso de la lengua sin que la enunciación tenga lugar, no se dirige al Otro del lenguaje, por lo tanto no se hace representar en la cadena significante, además no hay significación fálica que ordene los significantes y les otorgue un sentido. Las palabras son pronunciadas a partir de una memorización previa, no contemplan expresiones personales, por la dificultad en tomar la palabra (Maleval).
La falla por tanto, no está del lado del lenguaje, más bien la dificultad se encentra en la utilización del lenguaje, el autista no puede adoptar una posición de enunciación. Cuando habla procura que no se revele nada de la referencia al goce del sujeto. Al no haber inscripción del sujeto en el campo del Otro el sujeto no se dirige a nadie, el autista se resiste con una radicalidad fija a consentir su ser en el lenguaje.
El trabajo de Cristoperher no es esclarecer la muerte del perro, su trabajo se centra en mantener el control de la angustia, para sentirse estabilizado en un mundo que le produce confusión; para apaciguar la angustia que le produce el lazo social, así por ejemplo rueda sobre la hierba, gime y busca la referencia del ruido blanco que a pesar de ser molesto le da tranquilidad, porque cuando llega demasiada información a su cabeza desde el mundo exterior se altera, por ello «sujetas la radio contra la oreja y la sintonizas entre emisoras y lo único que se oye es eso que llaman ruido blanco, y entonces subes el volumen al máximo y sabes que estás a salvo porque no puedes oír nada más» (17). Solo la angustia puede hacer que haya presencia de la enunciación.
BIBLIOGRAFÍA
- Haddon, Mark: El curioso incidente del perro a media noche. Narrativa Salamandra, 28º edición. Barcelona, 2012.
- Jean-Claude Maleval: El autista y su voz, Gredos, Madrid, 2011.
- Lacan, Jacques. Seminario XX Aún. Paidós, Buenos Aires. 1972.
- Sper, Elena. Usos del cuerpo en el autismo y su tratamiento. Recuperado de: http://nel-medellin.org/usos-del-cuerpo-en-los-autistas/
