Si bien en un análisis de orientación lacaniana no hay dos, es decir, el analista no se presenta como otro en la transferencia, 1 si ocupa una función importante en la dirección de un análisis. De tal manera que si el analista no opera orientado por dicha función no habría un análisis posible. 2
Esta función podría nombrarse como el deseo del analista, un deseo causado por la diferencia absoluta,3 por el vacío de estar advertido que el objeto a es tan solo una ventana de lo real. 4Es un deseo que implica verificar la presencia de un sujeto, para luego reducirlo a su estatuto de uno solo.
Entonces se deduce que para estar advertido de este vacío, para funcionar como analista, es necesario haber terminado el propio análisis, o haberlo llevado lo suficientemente lejos como para estar advertido que el otro no existe.5 Sin embargo, es un punto que aún me parece opaco, porque por un lado, algunos testimonios de AE apuntan que solo al final del análisis, se produjo ese pasaje, de analizante a analista,6 pero otras elaboraciones apuntan que “llevado suficientemente lejos”5 o caída ciertas identificaciones primordiales,7 se podría atrapar así la singularidad del analizado. Supongo que no podrá haber una generalización de este aspecto, y cada practicante podrá dar cuenta de cómo se produjo este pasaje. Aquí encuentro lo pertinente del gran invento de Lacan, el pase, como una manera de investigar este aspecto.
Ahora bien, Miller precisa “que como analistas, cuando nos confrontamos con el Uno ya no estamos marcados por el deseo del analista sino por otra función, que tendremos que elaborar.”8
Esto en primer lugar marca cómo a partir de la ultimísima enseñanza de Lacan, el pase va más allá de la fractura del fantasma, y apunta al pase por la vía del sinthome. Aunque es importante captar que el sinthome está dentro del campo del lenguaje, pero fuera del reino del sentido. Hay el Uno significa que la incidencia del lenguaje en el parlétre se reduce al significante Uno y que este sin S2 no significa nada.9
En esa perspectiva Brodsky precisa que cuando el analista dejó de ocupar el lugar del Otro y pasó en cambio a encarnar el objeto con el cual el analizante jugaba la partida analítica, la función “deseo del analista” quedó sustituida por la de “discurso del analista”. 10
Así mismo el hecho de que en las enseñanzas de los cárteles del pase se destacara que no siempre se hallaba el deseo del analista, que raramente se podía localizar el pasaje del analizante al analista, y que sin embargo esto no impidiese la nominación, de igual manera con el discurso del analista como sustituto del deseo del analista, y con la distinción entre un pase que se orienta por atravesamientos y otro que, sin desconocerlos, no hace de ellos su última palabra, se esclarecía suficientemente tanto el problema del deseo del analista como el del pasaje de analizante a analista.10
Ahora bien, esto implica que, en la orientación del deseo, como función simbólica, no deja de estar contaminada por el goce,10 en tanto el deseo del analista es impuro. Es por ello que Brodsky insiste que como no hay una definición general de lo qué es un analista, no hay un estándar, no será posible sostener que hay un deseo general del analista. Así que propone pasar al discurso del analista, para luego puntuar que lo que opera al final, es el síntoma del analista que se ha reducido a un uso. 10
Estos planteamientos me hacen pensar que, si bien para dirigir una cura neurótica es importante usar el discurso del analista, ubicarse como semblante de objeto a, para llevar un análisis hasta su último término, tal como podemos rastrear en los testimonios de pase, es importante operar más allá del aspecto simbólico, que sería la noción del deseo del analista. Porque cómo operar con el deseo, que es un aspecto simbólico, cuando el ser es destituido, y por tanto el Otro ha perdido consistencia.
Según lo que podría decir hasta este momento lógico es que no hay una sustitución, del deseo al síntoma del analista, porque el analista tendrá que servirse de la ficción para bordear lo real, allí encuentro útil la función del analista enmarcado en el deseo. Sin embargo, en un análisis llevado hasta el final, el analista esta advertido que cuando el otro no existe, deja de serlo, y quizás solo quede existir como un cuerpo resonador de las marcas de la lalengua. Ahora bien, lo que es cierto, al existir como cuerpo no deja su goce fuera, pero ahora vivificado por su propio sinthome. Que de alguna manera se anudó para que pueda funcionar como analista.
Así el deseo del analista es el marco para operar, y el uso del sinthome, punto vivo, para soportar el más allá, lo opaco.
Referencias
1 Lacan, J. Lacan, J. (1958). La dirección de la cura y los principios de su poder. En J. Lacan, Escritos (págs. 591-652). Buenos Aires: Siglo XXI Editores.
2 Bassols, M. (2024). El acto de entrada. Recuperado de https://entradas.jornadaselp.com/t-textos-de-orientacion/to-el-acto-de-entrada/
3 Lacan, J. (1964). Los cuatros conceptos fundamentales del psicoanálisis. Bueno Aires, Paidós.
4 Lacan, J. (1967) Proposición del 9 de octubre del psicoanalista de la Escuela. Otros Escritos, Paidós)
5Alberti, C. (2024). El control, Inédito.
6 Serra, M.(2021). El psicoanálisis en sigular, un recorrido. NED EDICIONES, Madrid.
7 Gorostiza, L. (2011). «Del instante del fantasma, al deseo del psicoanalista, en Lacaniana 11, Grama, Buenos Aires.
8 Miller, J. (2011). El ser y el uno, curso del 11 mayo, Inédito.
9 Aromí, A. (2013) Acerca del deseo del analista. Freudiana N°68
10 Brodsky, G. (2014). El brote amargo de bambú. Sobre el deseo impuro del analista, Lo real puesto al día, en el siglo XXI, Buenos Aires, Grama, pp. 123-124.
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