Cartel: Psicoanálisis y educación
Cartelizantes: Paulina Salinas (+1), Paula Gomez, Tania Rivera, Camilo Carrasco
Rasgo: El no-todo en el discurso analítico, Escuela y síntoma.
Este escrito remite a un recorrido que comienza durante mi práctica como psicóloga educacional en contexto virtual tras la alerta sanitaria por Covid y transita hasta su reingreso a la presencialidad. Ante el cambio de lo online a lo presencial de las clases ocurrieron desenlaces no previstos desde la gestión educativa ante “el idílico encuentro preparado” se produjo “una feroz conmoción”.
Esta coyuntura dentro del establecimiento educativo al que pertenecí no fue un evento aislado, por el contrario, a comienzos de marzo del 2020 en Chile afloraron manifestaciones de violencia dentro del entorno educativo. Este estruendoso griterío advirtió que apagar el micrófono de la pantalla ya no era posible, así, las demandas de atención se cuatriplicaron.
Angustias escolares y extravíos en los líderes de la gestión, causaron en mí preguntas que me animaron a buscar a otros. Se inicia un cartel.
Escucha.
Atravesar los primeros encuentros en el cartel, me permitió atender el modo en que cada colega intervenía en su práctica ante las diversas manifestaciones sintomatológicas y demandas que se producían en espacios de atención infantojuvenil.
De este modo, fui constatando la función del aparato escolar, tales como: la posibilidad de salir a lo extrafamiliar que trae consigo operaciones entorno al autoerotismo. Justamente en ello, el mundo escolar es una oferta fundamental con relación al saber, pues, para aprehender es necesario ir más allá del saber propio… implica un soltar algo, vaciarse, para así luego, sacar del docente un pedacito de saber. Entonces, el lazo educativo habilita que el infante inscriba su recorrido pulsional fuera del otro parental. ¡Vaya! No es poca cosa.
Lecturas.
Poco a poco mi propia molestia hacia la institución fue pesando menos y a cambio, obtuve un energizante interés de leer algo más allá. Tomar noticia de las paradojas del malestar, me permitió tomar un hilo, “el establecimiento escolar es un aparato de tratamiento de goce”. Es por ello, que, su ausencia produjo efectos en el lazo y su reingreso nos atestiguaba de lo que no había sido domesticado.
No obstante, las interpretaciones que nos permite el discurso analítico no son las que posibilita el discurso educativo. ¿Cómo intervenir cuando la urgencia de los cuerpos infantiles y adolescentes perturba el saber de los docentes en las aulas? Por medio a esta pregunta, capturaré un circuito: agresividad de los estudiantes, respuesta de hierro de la dirección reforzando normas “para todos, sin excepciones”, en efecto, mayor segregación entre los estudiantes e indiferencia hacia el docente dentro del aula.
Se podría sostener que “para bien o para mal”, los significantes que se usan para nombrar a cada cuerpo dentro del colegio tienen efectos. Estas nominaciones son elementales, puesto que, son usadas en el tiempo de la infancia o en el despertar de la adolescencia para hacerse un lugar en el Otro. Sostengo el “para bien o para mal” en la búsqueda de condensar los destinos que se dibujan cuando el significante pesca al sujeto y este en su agencia, aprehende un modo de habitar su cuerpo en el lenguaje. Es decir, “el lento” puede encontrar un espacio en el Programa de Integración Escolar, “el bandido” se hace el primero de ser reconocido por la Inspectoría General o “el abandonado” logra un espacio en el Equipo Psicosocial.
Esta línea de lectura, incluso, me permitió ir un poco más allá e identificar las paradojas del discurso amo y la función del S1. Por un lado, es agente de castración acotando algo del goce dislocado en cada ser hablante y por otro, su dominación puede resultar aplastante.
Ideales en el horizonte, cada vez.
Hacia el final del cartel, reconocí que ese circuito se vuelve un impasse cuando el deseo de saber del estudiante desfallece o cuando lo vivo del deseo de la transmisión educativa se desvanece. Ante ello, me pregunto ¿Cómo se maniobra cuando la cara superyoica del ideal de la institución actúa de tapón?.
Al igual que un tejido cada institución posee un ideal que orienta el trabajo, sin embargo, cuando estos ideales se tornan de hierro y no permiten dar excepciones, lo vivo del deseo de quién encarna una función no aparece. A pesar de ello, la transferencia nos permite cada vez hacer algo nuevo, es por ello, que el gran saldo de saber para mí fue recordar que lo primero es la transferencia y que es una maniobra cada vez. Localizo a esta maniobra como la de mantener un saber-no-todo hacia los arreglos de cada estudiante, intentando causar un deseo de saber hacia el malestar que cada quién alberga dentro de la institución.
I Jornadas de Carteles NELcf
El biendecir en el producto
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