La invitación del secretariado de carteles a una conversación con los más uno como trabajo preparatorio de estas jornadas, me permitió articular algunas cuestiones del trabajo realizado durante el cartel que estoy concluyendo y lo que pudimos apuntar en esa conversación.
En el cartel que nombramos Momentos de la Transferencia, leímos y conversamos durante dos años acerca de la transferencia: qué es, cómo se instala, cómo se sostiene, cual sería el lugar del analista. Y en este sentido cómo se autoriza el analista, y el analizante, ¿también se autoriza? Y la transferencia en la Escuela cómo se sostiene, ¿acompañado o solo?, qué te hace estar y permanecer en la Escuela, cuál es la diferencia entre estar dentro y fuera.
Todas estas preguntas son las que nos llevaron a pensar que quizás en la transferencia hay momentos en nuestra formación: el tiempo donde nos encontramos con algo que no anda en nuestra vida y buscamos a un analista, es ahí que algo se instala. El tiempo donde algo debe sostenerse para saber más sobre nuestro inconsciente, el tiempo donde nos preguntamos por la Escuela. El tiempo donde se instala, nos llevó a la presencia del analista. Sin analista no hay transferencia, así que es necesario que el analista con su acto permita que el inconsciente comience a trabajar. Y, por otra parte, es necesario que la persona que viene consienta a encontrarse con su inconsciente.
El tiempo donde se sostiene, es ese momento donde analista y analizante se dan cuenta que no todo es amor, hay el encuentro con la falta y con lo que falla. Ahí es donde el analista tiene que entender cuál es su lugar en la transferencia, en cada caso su lugar es distinto. La transferencia entonces ¿se trabaja o se construye? A diferencia de la psicoterapia, el analista tiene una función que lo hace estar adentro no afuera como espectador y esto tiene que ver con el deseo del analista: causar, mover, vectorizar. Si lo que se busca es que alguien se analice, lo que ahí puede hacer resistencia es lo que el analista no escucha o lo toca en su intimidad, debemos estar advertidos de esto y para esto el control de la práctica es fundamental.
El tiempo del encuentro con la Escuela, es el rasgo que elegí trabajar, y como todo en la Escuela es de orden analítico cuando me propuse este rasgo no entendía muy bien por qué lo hacia. Fue la invitación del secretariado a ese espacio preparatorio para hablar de los productos que algo decantó para mi.
Entiendo la función del más uno como un provocador provocado. Es necesario sostener esta posición para causar las buenas preguntas, para orientarse hacia el final. El trabajo de cartel, sin importar su modalidad, apunta a que acabe después de un lapso de tiempo. Es decir, no es un trabajo infinito, hay un fin para cada cartel. Se necesita entonces de un tiempo para concluir, para poner por escrito algo de lo conversado y trabajado durante los encuentros.
Esto necesariamente tiene que ver con la función del más uno que debería provocar que cada uno de los cartelizantes, pueda elaborar a partir del rasgo propuesto, un texto. En mi caso siempre intento que sea una invitación que convoque, que sea agalmática. Y esto me parece que tiene que ver con la Escuela y lo que se puede exponer ahí. Invitar a escribir y presentar el producto realizado durante el cartel, enlaza a la Escuela y el objetivo es que cause un deseo para formarse.
Lo que se investiga en un cartel tiene un valor para la Escuela. Enseña sobre el interés del psicoanálisis y cómo sus conceptos nos ayudan a saber algo sobre nuestras preguntas, esas que tienen que ver con nuestro síntoma.
Decir algo sobre esto no es sencillo, nos confronta con nuestras inhibiciones, por eso cuesta, pero el trabajo del más uno es poder acompañar a cada uno de los cartelizantes para que esto pueda ser dicho. Cada producto es entonces un modo de decir algo sobre el propio inconsciente.
Es así que entiendo que en el cartel también se pone en juego la transferencia, no sólo la transferencia de trabajo sino el trabajo de transferencia y la transferencia hacia la Escuela. El más uno como función causa, mueve, vectoriza, necesita hacer preguntas, escuchar a cada cartelizante para animar su investigación, sostener los momentos donde puede haber un impasse, acompañar en la inhibición para lograr salir de ahí. Y tiene también que saber cual es el momento de concluir, de proponer que es el tiempo de decir hasta aquí no agregar más, para que queden ganas de continuar sabiendo.
Carolina Puchet Dutrénit
Miembro de la NEL en la Ciudad de México
I Jornadas de Carteles NELcf
El biendecir en el producto
Mesa de apertura
Mesa pleanaria
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