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Arturo Morin | Mi vecindario

La colección como marco de la marca subjetiva

Florencia Reali

Por: Florencia Reali, Asociada NEL Bogotá

Atravesamos una época de consumo: devoramos imágenes, sustancias y objetos. Los «gadgets» que llaman nuestra atención hasta volverse imprescindibles – los taquilleros i-phones o tabletas – forman parte de una serie. Los niños del siglo XXI parecen no estar interesados en un muñeco singular y diferente, al cual nombrar de forma especial y única, sino que ansían tener el personaje de la película del momento, un «Max-Steel» o un «Rayo McQueen» – juguetes que ya vienen nombrados y vestidos de la fábrica de Disney o Pixar. Para el niño, este objeto comercial cobra valor por ser un símbolo. Es importante que el juguete sea idéntico a la que tiene el otro, para que el niño pueda decir con propiedad: «ya lo tengo».

En la época donde tener el uno de la serie se vuelve tan apremiante me pregunto, ¿Somos coleccionistas de objetos? Pienso que no; por el contrario, los coleccionistas están en vías de extinción. Estamos rodeados de conjuntos de productos, pero una producción en serie no es una colección.

¿Qué es una colección?

Durante su visita a la casa de Jacques Prevert, Lacan se encuentra con una colección de cajas de fósforos pegadas a la pared, dispuestas de manera ornamental alrededor de una chimenea. Bajo la forma de multiplicidad, las cajas de fósforos adquirían un estatuto diferente. Dejaban de ser objetos funcionales para estar a otra altura. Lacan propone que en la colección, el objeto se eleva a la dignidad de la cosa[1]. Como en el amor cortés, la sublimación opera.

En su texto Colección seguido de La Avaricia[2], Gerard Wajcman sigue de cerca a Lacan, aportando reflexiones interesantes sobre la colección y sus diferencias con la serie. Allí propone que el mérito de una colección es servir de marco a un objeto singular.

El coleccionista se ve atraído por ciertos objetos exclusivos, aureolados. No se trata de mercancía. Pero, a diferencia de una obra de arte, los objetos de la colección alcanzan su estatuto sólo al hacer parte de un conjunto. Esta multiplicidad, dice Wajcman, es necesaria para destacar lo particular de la cosa[3]. Lo que hace tan especial a una colección es que la multiplicidad sirve de marco a la marca (singular) de un objeto.

¿Qué es una serie?

Según Wajcman, los objetos que se fabrican en la reproducción industrial sirven para suplir la demanda, mientras que el objeto de la colección responde al deseo. Si bien el objeto de la serie tapará una falta, es un objeto no distinguido, que opera desde el anonimato y que es idéntico a los productos de su tirada. No hay huella subjetiva en el objeto de la serie. Si la hubiera, ésta sería la huella de un error.

Contrariamente, en la colección (como en la obra de arte) la huella subjetiva aporta valor, aunque inicialmente surgiera como una falla. Wajcman presenta un ejemplo muy ilustrativo: un obrero de imprenta por error vuelca un frasco de tinta roja sobre una serie de estampillas verdes. Es una desafortunada torpeza que, sin embargo, produce una estampilla manchada que será de lo más singular. Aunque nace por error, la mancha en la estampilla produce la particularidad del objeto que se despega de la serie y cobra valor dentro de la colección[4].

El valor está en la huella que dejó el sujeto. Wajcman concluye que el objeto de la colección responde al deseo que se anuda a la diferencia y a la singularidad. Entonces, lo que hace tan especial a una colección es que la multiplicidad sirve de marco a la marca (singular) que diferencia un objeto de otro.

La mancha de tinta en la estampilla es un ejemplo de la huella subjetiva. En el siglo XXI, tan marcado por el consumo, me pregunto por la huella del sujeto en los productos del mercado. El objeto la serie no admite marcas, se consume sin apego y es desechable – el remplazo de un gadget por su nueva versión es indolora y hasta deseable.

El exceso de cantidad remplaza lo singular. Basta con contar los juguetes de un niño. El «uno» de la cuenta (de la serie) se impone desplazando al uno de la singularidad.

NOTAS

  1. J. Lacan, «La ética del psicoanálisis». Sesión del 20.1.60. Paidós.
  2. G. Wajcman, «Colección seguido de La Avaricia.» Manantial: Buenos Aires.
  3. Ibid, p. XX
  4. Ibid, p.56.
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