Cartel: Locuras
Mas uno: María Auxiliadora Rodríguez
Cartelizantes: Beatriz Escalera, Beatriz García, Daniel Felipe Garavito, Stella Cortés
Rasgo: De la locura femenina a la mujer llamada loca
Mauricio Tarrab en el prólogo al libro de Ana Lucia Lutterbach «La erótica y lo femenino»1 Lutterbach, A. (2012). La erótica y lo femenino. Buenos Aires: gramma. p. 12.
, toma un antiguo poema chino de Wang Wei, interpretado por Francois Cheng y Lacan, y que dice lo femenino aspira a tomar múltiples formas porque lleva en sí la nostalgia de lo infinito. A través de ella, lo femenino busca -al desgarrarse el corazón- decir lo infinito que no es otro que su propio misterio. Agrega, haciendo referencia a Acerca de la causalidad psíquica, cuando Lacan habla de la ley del corazón y el desorden del mundo, como el lugar donde lo femenino y la locura se tocan, se enlazan, se funden en un borde fascinante.
Mujer y locura pueden ser una, en la medida que no existe más que tachada. Sus paradojas rondan el capricho a partir de que sabe de la castración. Juega con semblantes y mascaradas de esposa, madre, trabajadora, pero es su coraje, como dice Lacan y agrega Miller, el que la convierte en la verdadera mujer.
Comencé este recorrido a través de una mujer llamada Loca, ese es el epíteto que define a Juana, la que en su tiempo fue la reina más poderosa del mundo y esclava del amor por aquel llamado el Hermoso. Los epítetos son fórmulas que dejan leer algo de eso sintomático, y quizás con H también, de aquel que es nombrado.
Juana fue hija de los Reyes Católicos y madre del Emperador Carlos V, murió encerrada, por su locura, en una fortaleza. Más allá de los argumentos políticos, ella sí estaba loca, loca en tanto mujer ante lo inconmensurable del amor y la muerte.
Acudo a Lacan en Televisión:
Así el universal de lo que ellas desean es locura: todas las mujeres están locas, como se dice. Es incluso por eso por lo que no son todas, es decir no locas-del-todo/no para-nada-locas (pas folles-du tout), acomodaticias más bien, hasta el punto de que no hay límites a las concesiones que cada una puede hacer para un hombre: de su cuerpo, de su alma, de sus bienes”2 Lacan, J. (2012). Otros Escritos. Televisión. Buenos Aires: Paidós. p. 566.
Allí su estrago desbrujulado, el de aquella que embarazada busca un lugar digno para enterrar al hombre amado, llevando a su lado un cadáver putrefacto. Lacan la toma como ejemplo al referirse al erotismo de la mujer aplicado a un cuerpo muerto3 Lacan, J. (2000). Seminario 16: de un Otro al otro. Buenos Aires: Paidós . Pero se puede leer como una búsqueda corajuda que disiente de lo que exige el Otro para dar un último destino a aquel que amó en vida de la manera más estragante.
Lacan intenta dar un paso más allá de la pregunta freudiana de ¿Qué quieren las mujeres? Se encuentra con eso de lo femenino que no pasa por el falo y que es un desplazamiento de la misma pregunta, ya que no puede ser respondida sino una, por cada una, el resto es ficción.
Más allá de esta ficción se produce la contingencia, el encuentro con lo real, lo que derrumba los edificios de los semblantes poniendo en jaque al falo. Jaque al rey, la reina se mueve a capricho en el tablero de ajedrez.
Tomaré una cita de J.A Miller en su texto Mujer Coraje:
Las mujeres, con respecto a la referencia fálica, no tienen nada que perder. No tener nada que perder puede otorgar un coraje sin límite, aún feroz: mujeres que, para salvar lo más precioso, están preparadas para ir hasta el final sin detenerse, dispuestas a luchar como quieran… cuando se toca lo que se debe respetar; en el extremo, se puede ver a la más miedosa de las mujeres convertirse de pronto en una heroína4 Miller, J.A. (14-11 2010). Mujer coraje. Página 12. https://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-156235-2010-11-04.html?mobile=1 .
Ejemplos hay muchos en la literatura, Medea y Antígona son conocidas casi como paradigma, pero hay muchas otras, en la historia, en la religión, desde María como madre, esposa y mujer, así como las grandes místicas, santas y fundadoras, inventandóselas con sus experiencias inefables, sin dejar de contar a las heroínas del Antiguo Testamento.
Ciertamente hay que tener un poco de locura ante el acto, lo que a su vez implica la valentía para llegar a las últimas consecuencias, allí la historia de Juana.
Vemos cómo cada una, a su manera, lleva consigo lo que Hegel llama la Ley del corazón, aquella que se opone a la sociedad, contradice sus mandatos. Contrasta con el alma bella de la histeria, es el acto el que se opone a la bella indiferencia, es un lugar en donde la locura quizás facilita este acto.
Locuras, acto, erotomanía ante lo desregulado, amor delirante más allá de toda razón o prudencia, cuya fatalidad cura y mata a una por una, en eso que hace mujer. Locas, una loca, allí Juana La Loca.
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