El pase, necesidad de transmisión*
J.-A. Miller en El silencio de los pasadores especifica la función que corresponde a cada uno de los actores involucrados en el dispositivo del pase: El pasante, testimonia. El cartel del pase, informa. El AE, enseña y el pasador, transmite1* Producto del Cartel Fin de análisis y pase declarado a la NEL. Cartelizantes: Gloria González, Laura Arciniégas, Clara Holguín y Gladys Martínez. Mas Uno: Paola Cornu. Cartel finalizado el 30 de mayo de 2024. Miller, J.-A., “El silencio de los pasadores”, Cómo terminan los análisis. Paradojas del pase, Grama, Buenos Aires, 2022, p. 281.. La función del pasador centralizó mayormente mis reflexiones de trabajo en el cartel.
Parto de una formulación de Lacan que, de lo tan clara, me es opaca. En la Proposición del 9 de octubre, afirma del pasador, que él, todavía lo es, este pase2Lacan, J., “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”, Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 273.. Así como no hay ser ni concepto para el analista sino agujero es llamativo que Lacan emplee el verbo ser unido a por un elemento temporal para definir al pasador. De entrada, desmitifica cualquier suficiencia de un ser a alcanzar y pone la lupa sobre un delicado momento de desprendimiento de ser, a consentir.
Lacan confía la transmisión del testimonio del pasante, −aquél en quien surgió una necesidad de transmisión inédita de un deseo nuevo que empuja− a quien está en un fecundo momento de impase. Tanto el pasante como el pasador, están empujados por un deseo de saber, sin embargo, en momentos lógicos distintos. El pasante, en el momento de querer testimoniar de un concluir lógico, de un paso efectuado; el pasador, en el momento de un lugar entre-dos3Delarue, A., “El pasador, la enunciación y el deseo de saber”, La práctica del pase en las Escuelas del Campo freudiano, Grama, Buenos Aires, 2022, p. 145. que urge una resolución. En ambos, prima una posición analizante comprometida.
Es impactante cómo el dispositivo del Pase, en acto, está a ras de la estructura del dispositivo analítico mismo. Allí pasan cosas: pasan, pues producen sorpresas, hallazgos, imprevistos y pasan, ya que remiten a un desprendimiento de lo que fue. Y eso se pasa. Lacan escoge características muy específicas para quien tendría la función de hacer pasar. Primero, que no sea un notable, que no sea un veterano, que no sea un analista experimentado. Segundo, que sea una analizante que se encuentra en un momento candente, adolece un paso.
Lacan veía en ello las mejores condiciones para capturar, en otro, ese pasaje efectuado, a través de una cualidad especial, que no es el entendimiento, sino más bien la captación de los armónicos de la enunciación y del enunciado convergiendo en un mismo punto, vibrando al unísono, porque eso impacta y eso le falta.
Para que el nivel de recepción de la frecuencia de esta especial vibración de ondas sea adecuado, el pasador tiene que estar lo suficientemente desencartado del Otro de su fantasma y desprendido de la identificación fálica que le ha dado su brillo, así como encartado, hasta el hastío, del objeto de goce con el que hacía nupcias. Ese vaciamiento, tanto de las identificaciones mayores, como del objeto del fantasma, es el que le permitirá funcionar como caja de resonancia encarnada que aloja las repercusiones del mensaje que le ha sido confiado sin tantas interferencias. Asentado en lo destituido en él puede advenir placa sensible; placa susceptible de capturar factores externos, brillos, matices, tonos, sin distorsionar, ni interferir. Esto no quiere decir, que su función sea pasiva. Al contrario, le corresponde implicarse pidiendo aclaraciones, preguntando, proponiendo encuentros, porque lo que tiene a su cargo transmitir se está construyendo en ese inédito espacio y tiempo de un bien decir sobre lo que no tiene nombre. Así mismo, es llamado a implicarse ante el jurado del pase haciendo honra4Delarue, A., “El pasador, la enunciación y el deseo de saber”, La práctica del pase en las Escuelas del Campo freudiano, óp. cit., p. 147.
a su función no escatimando que él es el testigo resonante del testimonio que el pasante le ha confiado y si ello ha dado cuenta de un paso adelante.
J.-A. Miller afirma que la función de la transmisión queda en cierto modo demostrada, se hace patente, por el procedimiento mismo. Transmisión de eso que no se pierde por la repetición, sino que se va constituyendo por esta transmisión misma5Miller, J.-A., “A favor del pase”, Cómo terminan los análisis. Paradojas del pase, óp. cit., p. 52.
. Vuelve a recordarnos la estructura de Witz y su vehículo, la palabra. Es la palabra la que hace existir una agudeza contingentemente, emergencia única del sujeto. El Witz, nos recuerda Miller, no es el matema. Lo que se pasa, en el pase, es un neologismo, una agudeza, un punto de reducción máximo con su cuota de comicidad.
La función del pasador concierne inextricablemente a la responsabilidad de la Escuela. Está imbricada y comprometida en la ética de las funciones y de los dispositivos. Implica una revisión a fondo de la dimensión de la Garantía, de la práctica del control como realidad efectiva y del cuestionamiento permanente sobre los regímenes de saber que impregnan la vida de la Escuela. Atañe al compromiso de cada practicante de llevar su análisis lo suficientemente lejos como para no dejar pasar sus momentos de concluir.
* Producto del Cartel Fin de análisis y pase declarado a la NEL. Cartelizantes: Gloria González, Laura Arciniégas, Clara Holguín y Gladys Martínez. Mas Uno: Paola Cornu. Cartel finalizado el 30 de mayo de 2024. Miller, J.-A., “El silencio de los pasadores”, Cómo terminan los análisis. Paradojas del pase, Grama, Buenos Aires, 2022, p. 281.




