La Escuela en su esencia nos presenta una dificultad clara; es una Escuela de analizantes pero al mismo tiempo es en la forma de una institución, que tiene presencia en lo social.
Como institución se espera que, como pensaría la sociología más funcionalista, cada quien realice su rol y cumpla con sus funciones de la mejor manera posible. Que las cuestiones más logísticas estén cubiertas con eficiencia, en tiempo y forma.
El psicoanálisis desde sus orígenes se ha ocupado de elevar lo que no anda a la dignidad de su material de trabajo, en una sociedad en búsqueda permanente del dato comprobable, la productividad y la utilidad directa, el psicoanálisis tomó la iniciativa de dedicarse a escuchar lo que parece no ser útil: los chistes, los sueños, las equivocaciones.
No sólo eso, si hay algo radicalmente opuesto a la utilidad exigida es el síntoma. Lo que desde la mirada de la medicina hegemónica, el síntoma es algo que interrumpe la productividad y que debe ser eliminado de la forma más rápida posible. Para el psicoanálisis, por el contrario, el síntoma es la medida de la singularidad más radical del sujeto y un camino por el cuál ir construyendo el inconsciente.
Volviendo a las dos facetas de nuestra Escuela ¿Qué sucede cuando superamos el nivel de la institución y pensamos en una escuela de analizantes?
Una institución vive de lo que anda, pero nuestra Escuela, al ser de analizantes, se nutre también, y muchísimo, de lo que no anda. Cada quién con su síntoma, aporta la potencia de lo que no cesa al servicio de la Escuela. Así que en nuestras secciones y en las funciones de la Escuela, nos ocupamos de cosas que necesitan ser atendidas de manera sintomática. La edición de textos, afiches y vídeos, la tesorería e incluso cuestiones francamente técnicas como la grabación, iluminación y audio de nuestros eventos se realiza de manera radicalmente singular, sintomática.
Desde luego que podrían ser cubiertas de una forma más eficaz por expertos en tales materias, pero, fiel al discurso analítico, es el deseo y no la eficacia lo que empuja a una Escuela lacaniana.
I Jornadas de Carteles NELcf
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