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Gabriel de la Mora | Entre lo que reflejo y veo

El deseo y la formación del analista

Hugo Lock

La formación del analista es una pregunta abierta, inicio esta reflexión sobre la formación del analista haciendo una separación entre la formación y el analista, con esto ubicar dónde se encuentra dicha apertura. Del lado del significante formación, que en el español significa según la RAE»Acción y efecto de formar o formarse»1, que tiene origen latino y se separa en raíz: «forma» que va en relación a una «figura o imagen» y el sufijo «cion» acción o efecto»2. En el caso del significante formación unido con el significante analista surgen dudas como: ¿A qué imagen o figura se da forma? ¿Cuál o cuáles son los instrumentos que opera para formar? ¿Hay un modelo a seguir?

El significante analista carga consigo un vacío, el significante no alcanza para designar lo que es un analista. Esta una proposición que no quiere decir que la persona que nos atiende en cada sesión de análisis no exista, pero es importante aclarar: que la no existencia del analista se refiere al ideal de analista, un modelo a seguir, no existe el analista ideal ni tampoco una forma única de analista. Para aquella persona que cometa el error de ir dirigido al ideal de «ser analista» va encontrarse con un punto fijo que obture con ese ideal la pregunta sobre su ser, en otras palabras, es un «no querer saber más sobre eso que le pasa» y refugiarse en ese ideal. Entonces la formación del analista no tiene que ver con ser analista o no serlo, es en sí, el trabajo de un sujeto en posición de analizante, que lejos de ese ideal de «ser analista», tampoco se refiere a la profesión u oficio de un sujeto dirigiendo una cura, sino es al trabajo que realiza este analizante en la experiencia de su propio análisis dirigido por un analista, orientado por el deseo de saber en un trabajo de una particularidad tan única, del uno al uno, que es muy difícil de estructurar o generalizar. Un analista es un sujeto que ha llevado este trabajo hasta el final y con ello una nueva relación con su goce, con eso que es único y exclusivo para él, en caso, él lo decida así puede verificar esa experiencia por medio del pase. Esta verificación da muestra qué es un psicoanálisis. Entonces la fórmula de la formación del analista, tiene dentro de ella esa apertura, la experiencia del análisis, que al ser del uno por uno, no podría hablarse de La formación. El vacío de significación de la formación le da espacio al psicoanálisis para actuar, colocar su discurso y qué este permita dar lugar al sujeto.

En el transcurso de un análisis hay acomodaciones homeostáticas que generan una mejor posición con respecto al goce y eso puede ser suficiente, un sujeto puede elegir no seguir con su análisis (un hasta aquí está bien) o simplemente negarse a saber más sobre eso que lo mueve y abandonar el análisis. Entonces nos preguntamos ¿Qué impulsa a un sujeto a ir hasta el final de análisis?

El sujeto emergencia de la relación entre dos significantes, es decir, cuando alguien llega a nuestra consulta tiene que pasar por la experiencia de la asociación libre y recorrer los significantes del Otro, de cómo, bajo la dialéctica con el Otro se aliena a sus significantes. Ese recorrer, esa historización va a darle a una persona una ganancia de saber, de sus encuentros con el vacío que está en este Otro que va mostrando su inconsistencia, esta inconsistencia en el Otro refleja a su vez la inconsistencia del sujeto mismo, ya fue bajo esa dialéctica con ese Otro en la cual el sujeto se apoyaba. El sujeto que coloca una suposición de saber al analista la cual sostenida por un objeto latente, que se va ir aclarando con el transcurrir del análisis, el objeto causa es dirigido al analizante, por un analista con el deseo del analista cuál dirección es su singularidad. El sujeto, en esa ganancia de saber va inscribiendo un deseo de saber más sobre eso que él es.

NOTAS

  1. Sándor Márai, La mujer justa, Salamandra, Barcelona, 2005, p.64
  2. Ibid, p.93
  3. Ibid, p.205
  4. Ibid, p.186
  5. Ibid, p.296
  6. Ibid, p.310
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