Cartel: Tratamiento del cuerpo en el informe final de la verdad en Colombia
Cartelizantes: Olga Arboleda, Carlos Celis, Laura Franco, Beatriz García (+1).
Rasgo: Cuerpo, despojo, goce.
Este producto es efecto de una lectura, desde la orientación lacaniana, del tomo “Mi cuerpo es la verdad”, del Informe Final de la Comisión de la Verdad (IFCV)1Comisión de la verdad, “Mi cuerpo es la verdad”, Tomo 7 del Informe Final de la Comisión de la verdad, Bogotá, 2022. referido a la violencia sufrida por mujeres en el conflicto armado colombiano. El rasgo propuesto, me llevó a atender las palabras de las mujeres violentadas, cuyos cuerpos han sido tomados como un bien más del territorio, y el despojo ha tocado lo más íntimo, para reconocer lo que les ha permitido alguna recomposición subjetiva2Un referente importante para este escrito es: Lacan, J. “La tercera” en En los confines del seminario, Paidós, Buenos Aires, 2022, pp. 109-144 .
Verse como despojo, sin imagen especular que les de consistencia, mancilladas en sus cuerpos, puede provocar, en un primer momento, una identificación con lo que se desecha, y un goce que empuja a la muerte; sin embargo, algo sostiene la vida, como lo relata una mujer mestiza:
“A veces entro en una depresión que me encierro, no quiero hablar con nadie, o sea, no quiero; ese día no me paro de la cama, no me baño, nada, nada, ¡nada! Intenté quitarme la vida dos veces, dos veces tomé pastillas, dos veces, […] yo me las tomaba, pero yo misma después buscaba la manera de ir, de sobrevivir.”3Comisión de la verdad, “Mi cuerpo es la verdad”, Tomo 7 del Informe Final de la Comisión de la verdad, Bogotá, 2022,p.224.
Es frecuente que el cuerpo fragmentado por el real de la violencia que se impone, sea tomado por pasiones de odio y venganza, como lo cuenta Jimena, víctima de violencia sexual y secuestro por parte de las Autodefensas del Casanare, en 2004:
“Yo duré un año pensando que todos los seres humanos que se me acercaban me iban a hacer el mal. Llegué a comprar un revolver y dejaba esa mierda debajo de la cama. En serio, yo era de las que escuchaban todos los aportes y decía: “Si me toca, les doy bala, pero no me voy a dejar llevar.”4Comisión de la verdad, “Mi cuerpo es la verdad”, Tomo 7 del Informe Final de la Comisión de la verdad, Bogotá, 2022,p.241.
Aunque es frecuente encontrar en las entrevistas, invocaciones a Dios como el salvador, el empuje hacia la recomposición subjetiva se da, principalmente, a partir de sentimientos de vida que se reactivan en el encuentro con otras que han sufrido una violencia similar, y las lleva a buscar no sólo, la sobrevivencia, sino la reconstitución de la imagen corporal, mediante haceres, saberes y una lengua particular que las une entorno a ritos de nacimiento y muerte. Una lideresa afrocolombiana, relata:
“Empezamos haciendo la sanación del río, lo hicimos en La Balsa, donde montamos en las canoas. Le echamos flores al río, leímos varias poesías alusivas al río y alabaos. Empezamos por reconocer que el río no tenía la culpa…”5Comisión de la verdad, “Mi cuerpo es la verdad”, Tomo 7 del Informe Final de la Comisión de la verdad, Bogotá, 2022,p.243.
Marcas de vida inscritas en el cuerpo que se reactivan en prácticas ancestrales como cantar, bailar, coser, cocinar, y en sutiles gestos cargados de afecto, se convierten en signos para que la palabra circule y puedan encontrar la fuerza para situarse de otro modo. Jaqueline, una mujer afrocolombiana, docente, lo explicó así:
“En el proceso de las cantaoras tenemos una persistencia, una resistencia, porque nuestros cantos son ancestrales; con ellos hemos velado a nuestros muertos y hemos despedido a nuestros seres queridos…Siempre que nos toca enterrar un cadáver hacemos sus cantos, bien sea chigualos para los bebés y para los veteranos, o alabaos para los viejos.”6Comisión de la verdad, “Mi cuerpo es la verdad”, Tomo 7 del Informe Final de la Comisión de la verdad, Bogotá, 2022,p.282.
Con otros que se encuentran en situación similar reconfiguran nuevos lazos en los que afectos y palabras circulan, que les permiten no sólo sobrevivir sino también “alegrase” como ellos lo dicen.
Con afectos, gestos y saberes inscritos en el cuerpo se resiste y se permanece en el territorio, o se emprende el desplazamiento forzado hacia destinos inciertos, con la certeza de llevar consigo, en las ollas y recetas, en la música y en cada creencia que recuerda sus raíces, algo que no pueden arrancarles y las impulsa a convertirse en sujetos políticos que marchan en pro de sus derechos y a encontrar nuevos modos de organización. Virgelina Chará, de la Unión de Costureros, comenta:
“Cuando cosemos, estamos generando nuevos lenguajes y nuevas denuncias, denuncia de otras formas… estamos resistiendo a todos los embates que hemos tenido y que seguimos teniendo.”7Comisión de la verdad, “Mi cuerpo es la verdad”, Tomo 7 del Informe Final de la Comisión de la verdad, Bogotá, 2022,p.288.
El goce de la vida encuentra resquicios para hacer frente al goce mortífero de la guerra y reconfigurarse como sujetos políticos.
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