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El Otro malo, la paranoia y la práctica de la presentación de enfermos

José Juan Ruiz Reyes

Como nos recuerda José María Álvarez en Estudios sobre las psicosis «Apenas una mirada fugaz a las clasificaciones psiquiátricas más difundidas en la actualidad basta para percatarse de la situación marginal, mínima y anecdótica de la psicosis paranoica.»[1] Sin embargo, cabe recordar que a partir del estudio sistemático de la paranoia realizado por Freud y continuado por Lacan, esta ha sido elevada al rango de paradigma de la psicosis. Lo que llevó a Jacques-Alain Miller a señalar la nobleza de la paranoia en la apertura de la conversación clínica: Cuando el Otro es malo… «La paranoia es noble, si me permiten, en comparación con la esquizofrenia.»[2] Una de las coordenadas que marcaron mi aproximación a la Escuela se gestó a partir del encuentro con la psicosis en la práctica. Unos meses antes la lectura del texto acerca del Otro malo, me había transmitido la convicción de un trabajo posible con la psicosis desde una clínica lacaniana, por lo que al recibir la invitación para elaborar en un cartel no dude en hacer de este fecundo encuentro el rasgo guía para la investigación.

El trabajo en la escuela y el cartel me acercaron al conocimiento de la presentaciones de enfermos que durante muchos años sostuvo Jacques Lacan como parte fundamental de su labor clínica. Este esfuerzo ha sido continuado en El Campo Freudiano como uno de los principales elementos de enseñanza. Tal como Guy Briole nos recuerda en su artículo El efecto de formación en la presentación de enfermos, «Los psicoanalistas del Campo Freudiano mantienen esta presentación […] por, al menos, tres razones: la formación, la elaboración de la clínica y, además, la orientación del trabajo con los pacientes. La actualidad de la presentación de enfermos permanece siempre viva.»[3] Este efecto vivificante es consecuencia del giro introducido por Lacan respecto de este dispositivo heredado de la medicina psiquiátrica, ya que no se colocaba en el lugar del gran maestro que enseñaba a los médicos en formación, por el contrario instaba a dejarse enseñar por el encuentro con la singularidad de un paciente y su sufrimiento, Guy Briole nos orienta de nuevo al respecto «En una presentación, no se trata de la verificación de un saber ya allí presente, de un saber –sea cual sea– ya constituido, sino de encontrar un saber nuevo; siendo eso nuevo la solución que cada uno ha encontrado.»[4]

Como marcas de estos encuentros han quedado para nosotros registros de algunas de las presentaciones llevadas a cabo por Lacan y también contamos con publicaciones del Campo Freudiano que permiten recoger algunos de estos efectos. En Embrollos del cuerpo hallamos una presentación que reviste gran interés respecto del rasgo de paranoia: titulada Un caso de escuela, la conducción de esta entrevista por parte de Jacques-Alain Miller nos acerca a la singularidad del sujeto entrevistado. El Sr. A de 42 años acude a la presentación tras su segunda internación en el Hospital Val-de-Grâce «Pidió ser internado para protegerse de la aceleración vertiginosa que sufría y que sabía que no podía detener solo.»[5] El Sr. A dedica en este momento sus ingresos a beber vino en un distintos bares como alivio al sufrimiento que en este momento le embarga. La primer internación había estado signada por sentimientos de persecución que lo llevan a describirse a sí mismo como paranóico «Todos tenían algo contra mí. Yo había denunciado chanchullos con el dinero. En la televisión, las películas estaban programadas para mí.»[6] El horizonte del Otro malvado se encuentra presente en la primera internación, como Miller nos señala «[…] la maldad es una significación fundamental que está ligada como tal a la cadena significante. Por el solo hecho de que un significante se enganche con otro, hay un efecto de significación, y si hay uno, puede haber otros.»[7] En la variedad de significaciones descifrables en un enunciado puede ocultarse la maldad, que permite poner en marcha el mecanismo de sospecha respecto del Goce del Otro, lo que para Miller introduce una importante pregunta «¿De qué goza?», en serie con las preguntas lacanianas «¿Qué me quiere?» y «¿Puede perderme?»

En la elaboración subsecuente a la entrevista con el Sr. A, Miller señala la función que la ebriedad del paciente cumple como experiencia de goce, recuperando en parte algo de la experiencia de su primer desencadenamiento a los 17 años, rápidamente «compensada por un padre como suplencia.»[8] Todo esto precedido de esta importante afirmación «Es la psicosis tal como Lacan nos enseñó a localizarla. Es atrapante. No se fuerza nada. Dice: ‘Mi padre no era mi padre’. Solo podemos dejarnos enseñar.»[9] Es en este sentido que Miller nos llevará más allá del diagnóstico de paranoia, colocando en primer lugar los arreglos que el sujeto ha logrado hacer ante el goce del Otro «Es un caso que permite comprender muchos otros: la forclusión está allí, el desencadenamiento también, pero no hay un gran delirio, solamente una deriva irresistible. Se presenta como una psicosis ordinaria, salvo que el caso no deja lugar a ninguna duda diagnóstica.»[10]

El estudio de las presentaciones de enfermos publicadas durante este periodo de cartel me ha permitido consentir a los efectos de enseñanza presentes en ellas, llevándome más allá del rasgo seleccionado y me lleva también a desear que esta experiencia sea una parte integral de la formación de aquellos que formamos comunidad en NEL Ciudad de México.

NOTAS

  1. Álvarez, José, Estudios sobre la psicosis, Xoroi Edicions, Barcelona, 2013, p. 178
  2. Miller Jacques-Alain, Cuando el Otro es malo, Paidós, Bs. As., 2011, p. 75
  3. Briole, Guy, El efecto de formación en la presentación de enfermos [En línea] Página de la Nueva Escuela Lacaniana Medellín. Disponible en: http://nel-medellin.org/briole-guy-el-efecto-de-formacion-en-la-presentacion-de-enfermos/
  4. idem
  5. Miller Jacques-Alain, Embrollos del cuerpo, Paidós, Bs. As., 2012, p. 221
  6. idibem, p. 223
  7. Miller, op cit, p. 76
  8. Miller, op cit, p. 236
  9. idem, p. 235
  10. idem, p. 236
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