Considero este pequeño esbozo, por el “in” en el plano lingüístico que remite a un reflejo de lo interior y ponerlo sobre algo. La misma insignia muestra un hecho colectivo, que podemos pertenecer o formar parte de, haciendo posible ese trámite de unos a otros. Pienso que la palabra de indignación permite considerar una partícula de lo singular a partir de un signo que la insignia precedió. La fórmula sería que lo más íntimo de uno a otros son estos signos que se pone a consideración y representación.
Un signo es una característica tan propia que da señales de donde estuvo y por el cual se puede continuar. Algo así pasa en sentido de la indignación que su par es la dignidad, dado que no se podría hablar sin este par que articula y estructura a los sujetos. Un hecho inicial es que la indignación surge a partir cuando se atraca la dignidad en su carácter singular[1]. Para G. Arenas en su libro “En búsqueda de lo singular”[2] rescata que la particularidad de los detalles singulares es a través de un recorrido desde lo colectivo a lo más reducido de uno propio, son estos signos como identidades o identificaciones que le otorgamos un algo propio, quizá un valor –hasta subjetivo– para hacer frente con y en los demás, podríamos señalar en esta parte la presencia de la dignidad como tal. Para J. Lacan en la “Psiquiatría inglesa y la guerra”[3] nos muestra como los detalles en tanto singular se puede colectivizar, el rescate de la técnica es lo que sorprende en este aspecto frente a cualquier impasse colectivo, entonces aparecen modificaciones interesantes entre el par colectivo-singular, que más que opuestos son una relación o articulación. “La agresividad en el psicoanálisis”[4] que es por donde él realizará un elogio interesante sobre aquella pasión interna de todo sujeto, que lo agresivo es tan innato, cuando el individuo se entorna agresivo en su contexto. Esto me trae un salto a Juanito[5] en rescate de su singularidad, hace que la reflexión de su condición frente al Nombre-del-Padre (NP) haga surgir distintas versiones por su indignación, cólera u odio al no hablar frente a su padre en tanto significante que repercute en acciones de dominio sintomático, una vista interesante respecto al signo que estamos hablando, pero el registro queda pendiente en este no-dar-palabra que hizo en él que busque otras alternativas para lidiar con el Otro. Pienso que lo indignante va por esa vía en tanto pasión del sujeto, no en accionar sino un choque intrasubjetivo de aquello que en su inicio hizo signo de dignidad a través por el Otro en calidad de su extimidad, hace de él un modo sintomático. Para ello este rescate singular de dignidad pone a cuestionar aquellos momentos cuando la indignación apareció, sea a nivel social como personal. Además su relación con las pasiones[6], que la indignación contra su parte de la agresividad es una pasión en silencio, que solo queda poner en palabras aquello que se calló o no se habló en su momento en clínica.
NOTAS
- AA.VV. “Argumento IX ENAPOL 2019 – Odio, Cólera, Indignación: Desafíos para el psicoanálisis” http://www.nel-amp.org/index.php?file=Actividades/ENAPOL.html
- ARENAS, G. “Einziger”, En busca de lo singular, Grama, Buenos Aires, 2010, p. 135-148.
- LACAN, J. “La psiquiatría inglesa y la guerra”, Otros Escritos, PAIDOS, Buenos Aires, 2018, p. 113-133.
- LACAN, J. “La agresividad en psicoanálisis”, Escritos 1, Siglo XXI, Buenos Aires, 2008, p. 107-127.
- MONTALBÁN P., M. “Nuevas masculinidades, a la luz del caso Juanito” http://discordia.jornadaselp.com/nuevas-masculinidadesa-la-luz-del-caso-juanito-manuel-montalban/
RINGUELET, G. “Sobre afectos y pasiones” http://www.lacan21.com/sitio/2019/05/01/sobre-afectos-y-pasiones/
